Más dignas, más hermosas
Siendo yo una persona tan inestable, no puedo estar con otra que un día me dice que quiere estar conmigo toda la vida y después ya no.
A lo largo de todo un año de intentos fallidos de pequeñas evoluciones y retrocesos, de traiciones, mentiras y sí: sonrisas, pueblos y pulque, agua en los pies y verde que se sentían nubes de escozor volvió al final. No me duele admitir que no fui yo quien lo concluyó, no me avergüenza decir que a mí me deseacharon. Lo que sí me apena es haber tardado tanto en darme cuenta que era un juguete, sí, querido, pero al final al que se guardaba en una caja cada que se le acababa la batería y vuelto a desempacar cuando volvía el aburrimiento. Pero no se conoce a ningun juguete de pilas que haya durado toda la vida. Por eso no se recomiendan ni regalar en colectas de caridad.
No hay mártir, es admitir que en algún momento no supe poner límites, o fingí hacerlo y después me volví blando y acepté que se rompieran, traicionandome, permitiendo me vulneraran. Dando un espacio especial para alguien que consideré especial. Me olvidé de mis frases aprendidas y repetidas hasta el hartazgo: nadie es especial.
Y lo hice por dejarme llevar, quizá sí por necesidad. Pero existe el límite en donde entiendes que ya eres el producto prescindible del que se aburrieron y ya no te quieren para nada, ese límite llegó y aun tengo algo de respeto por mí, y debo entender que cuando ya no me quieren entonces debo irme, triste, con la mirada baja, quizá sin orgullo y más heridas, pero al final sabiendo que es mejor no permanecer donde ya terminaste por desgastarlo todo y que ya no vales la pena para esa vida.
Es todo o nada, es ahora o nunca.
Y como todo llegaba en mensualidades, en nunca hablar de los temas importantes en la mesa, entonces mejor irme justo por donde me enviaron.
Pareciera que soy rencoroso, pero en realidad no es así. Simplemente me voy donde siento que mi tiempo se acabo, donde ya no soy valorado y al mismo tiempo donde ya no puedo tener algún beneficio, y no me refiero a monetarios o de confort, sino de aprendizaje, de cultura, de cariño, de inteligencias nuevas, de fidelidad y constancia.
A lo largo de mi vida me "he ido" de muchos sitios: de mi grupo social de la infancia, de mi grupo social de la adolescencia. De mi grupo social de cuando empecé a ser adulto y hasta el inicio de mi tiempo como padre full time. De mi última relación me fui del mismo modo. Me vi sintiéndome nada importante, que sí me iba nada en absoluto iba a cambiar y me convencí de ello. A veces veo gente del primero grupo y recordamos los buenos momentos y motivos por los que estuvimos juntos tantos años y suele ser grato, pero ya son personas con las que tengo poco que ver y casi nada en común. Pero a nadie se le niega o rechaza una invitación a una cerveza.
He querido construir lazos más sólidos, más suaves, que no quemen cuando los quieres tomar por la fuerza. Algo de fino estambre, pachón y colorido, aunque fuera negro pero de un negro intenso, de ese que no se decolora. Hasta el momento sigo trabajando en ello. Ahora más, con mi hija. De ella no tengo opción de irme, siempre me quedaré. Antes ella se irá por su desarrollo propio. Ojalá me mantenga siempre cerca. Quiero llevarla siempre atada de ese estambre lila, su color favorito, y aun que se vaya lejos espero que el largo del hilo sea suficiente para siempre estar a un tirón de cuerda para entender que me necesita.
Y así quería está relación; que estuviera siempre cerca, no de cortar tramos y hacerle nudos una y otra y otra y otra vez. Cortaron mi extremo atado a mi anular izquierdo y me quede con el nudo, una semana después decidí no volver a permitir una nueva atadura, como de curita. ¿Alguna vez se rasparon la rodilla de niños, se pegaron una bandita "curita" y esta se adhirió a la costra nueva que se formaba y tuvieron que arrancarla y dejarla limpia sin intervención alguna para que sanará por sí misma? Pues eso estoy tratando de hacer ahora mismo. Ni quiero nuevo nudo ni bandita sublimadora.
No estoy tranquilo, no estoy bien. Pero tengo que estarlo. No es a mi elección. Podré estar mal, ya no juego a ser macho. Me permito llorar. Me hace falta. Quizá mañana.
Aun quiero, no deje de querer quererla ni de querer futuro. Aun no me deshago de éso. Siempre pensé en que había remedio aunque todo ya estaba mal. Después de la mudanza idealice nuevas situaciones y soluciones para la convivencia. Tratando de ver en lo presente estable y al porvenir permanente. Bueno, ahora que ya no pienso en ello parece haber menos agotamiento, aunque llegan los flashazos de los múltiples "hubiera", inclusive del reintento. Estoy tratando de ser fuerte. A mí me tiraron, yo no terminé nada.
Antes de Lala pensaba que estaba saludable, pensé que había trabajado lo suficiente, que ya tenía sanado algunos aspectos personales, que no cometería los mismos errores: no me fui a los primeros síntomas de alarma que estuvieron presentes desde el primer día, inclusive antes del primer beso. Creí que no seguir adelante era ceder al miedo, al no confrontar, síntomas de mi inseguridad y decidí permanecer. Y esos primeros indicios no terminaron ni un año después. Debí largarme a la primera. Debí darme cuenta. Ya no importa. De los errores se aprende o eso eso espero que suceda.
Soy débil ante ella, por sus lunares y pecas, por sus ojos y muecas, por su sonrisa que hoy me harta porque no es mía, porque la quiero pero no debo. Quiero que se muera de mi vida, quiero que me eche de menos, quiero que aunque sea un poco se dé cuenta de que me perdió. Pensamientos de conmiseración.
Creí que escribir esto me haría sentir mejor, pero solo me hace sentir más miserable, de sentir que la necesito, pero no de necesidad propiamente, sino de querer quererla, ni siquiera de que me quiera, de quererla yo. Quizá síndrome de abstinencia. Por ahora es mejor pensar que no existe, ignorar todo lo que se pueda, generar el distanciamiento.
Tengo un pensamiento de consuelo, me llego en la pasada fiesta "punk" en la que su nombre estaba en lista de invitados y me preguntaron por ella: al final tengo mucho que compartir; comidas, tiempo, verdes, aguas saladas y dulces, bebidas, cielos, estrellas, ciudad y pueblo, olor a leña quemada y a campo después de la lluvia, a cine y literatura, filosofía barata y pensamientos abstractos. Lluvia en los ojos y tibieza en el aliento. Sentido común y aprendizaje rápido, enseñanza facilitadora y análisis del alma.
Yo me quedo con todas esas cosas.
Comentarios
Publicar un comentario