Azufre en el verde nublado

 Y es que te lo debo. 

La última charla me dejo claro que venías por acá de vez en vez me di cuenta de que debías estar aquí una vez más. 

Y hoy para mí fue crítico, especialmente porque me siento ansioso cuando estás a mí lado y no te siento mía. Sin un espacio que me corresponda. Me siento muy incomodo. Se sobrelleva más cuando no te veo, cuando no existes. Ojalá algo te borrara de pronto, muy fácil, con un disparo. ¿Entiendes? 

Te sigo queriendo para mí. A diario pienso en la vida que pierdo a tu lado. A veces cuando te has estado ausentando pienso en qué es lo que estas haciendo: si quizás es la mudanza de a poco, el acomodo de lo mucho, sí tal vez estas viendo nuevos departamentos en horarios que se interponen con los laborales. Si simplemente te estás gastando los días pendientes.


Sigo viéndote y preguntándome por ti cada mañana. Dónde inicias el día. Si ya desayunaste. Sí tienes calor o sed por la tarde. Sí necesitas fresas. 

A veces busco consuelo en la miseria que sí me diste y cómo me hiciste sentir. 

Ha aparecido una de las últimas frases tuyas en mi cabeza, "si estoy pagando todo lo que te hice ya lo pague y con creces". Quizá no es tan textual, pero es completamente la idea, ¿cierto?. Y me da coraje, porque ya das por hecho todo lo poco que me hiciste sentir, a mí solo, frente a los demás y no frente a ellos pero sí en cierta distancia. ¿Cómo puedes saber todo lo mal que me sentí? Pareciera que no te diste cuenta de todo lo que te dije de frente. Me da coraje y entonces me sonrío y me digo – por es te fuiste, Ricardo, recuérdalo – y continuo el día con una canción nueva o de esas que me dan fortaleza desde siempre. 

Quiero que estés bien, muy bien, pero tú sola, porque no estas conmigo. Ya sabes, esos sentimientos posesivos, esos sentimientos que eres de mi propiedad aunque no se deba considerar así a una persona. Pero, la gente se casa, ¿no?, para decir que ella o él "es mío/a". Se firma un papel que alega propiedad. Te sentí mía. Me pregunto a diario si me quieres. 

También aparece el dinero el plazo para decirte del gasto de la ropa y el saldo para tu teléfono. De si te va a nacer o si lo dejarás pasar como muchas veces atrás ha pasado y te he mencionado. "Mil pesos", me dije a mí. Entre los gastos de la tienda y tú recarga y pequeñas nimiedades, como las paletas, las hamburguesas, no sé. Lo dejé en ese número. En algún momento pensé que preguntarías por ese gasto, no me importa demasiado más que un poco al golpe en la tristeza de cuando nunca jamás quisiste hacer cuentas conmigo de nada en absoluto. "Lo de siempre". No es tanto el dinero aunque tengo que decir que conté con ellos recién que la madre de Madaí me solicitó una trasferencia para la compra de un anaquel para mi hija y pensé que ahí provendría el efectivo. 

Me gusta verte el pantalón cuando te vas, aunque, sé que te piensas no muy linda de esa parte de tu cuerpo.

Cosas que ve y siente una persona que piensa que ya lo perdió.

Los helados, las sandías, los mangos, y las demás comidas. Los jueves en que he insistido por puro romance del más tonto, del más simplón. Es que yo no sé querer lindo. Solo quiero y lo hago y la forma en que entiendo. 

Pienso en Génesis. Pienso en mi hija y las próximas navidades, en las vacaciones festivas ya en puerta. En tu frente en la mía. En la humedad de tu entrepierna. En tu ropa interior en mi piso. Pienso en ése fin de semana. Pero también recuerdo en el motivo de mi colgar la llamada. Recuerdo la frase más temprana que decía "espero podamos hablar de nuestra situación, pronto". Y de cómo tu vaso también estaba tan cercano al derrame. Porque justo eso paso: el derrame de tu vaso y del mío. 

Ya no quiero pensar. 

Ya se viene la feria de Coatepec, quizá con camping y ¿adivina en quién pienso? 

Comencé a beber y acudí al nuevo lugar de Alfonso, es un jardín simpático, ¿adivina en quién pienso?

Ya no quiero pensar. 

Me convencí de que no soy lo que quieres. Me lo dijste muchas veces. Ya no importa lo que siento. Ya no tiene sentido. Quiero dormir entre tus piernas, sentir esa tibieza. Quiero que te calles, quiero que no me digas nada. Quiero dejar de existir pero tomado de tu mano. 

Ya no quiero pensar, porque pienso con quién te acompañas cada que te sientes sola, o sí te volviste más fuerte que nunca. Si te rendiste, si te cansaste, si te harté, si te moriste de mí. Si me mataste de ti. Sé me recuerdas más o menos que yo a ti. Si desaparecí de tu mente ocupada. 

Con todo esto no estoy prendiendo nada, estoy diciendo lo que siento. 

 




Comentarios

Entradas populares de este blog

Screams in silence

5:40 vas a rendir

El viento entre tú y yo