Nos quiero muertos

!Me vengué de ella en un sueño!

Ingresaba en su casa con una mujer mayor que yo, quizá diez años o más. Subíamos a la primera planta y estaba mi primo Mario en la sala hablando por teléfono y jugando una máquina de baile al mismo tiempo, nunca fue muy bueno ni en el juego ni para hablar, la llamada no justificaría su mal resultado. Me vio, no sé si me reconoció, pasamos en penumbras. Yo sabía que era la casa de Fanny, y yo quería supiera que me encontraba ahí.

Me acompañaba mi hija que avanzaba por delante de mí y detrás de la mujer que me invitaba a su hogar con algún tipo de intención sexual contra mí. Subíamos por las escaleras estrechas en fila con casi nada de luz, apenas la que se filtraba por los pequeños tragaluces que dejaban acceso a unos pocos mechones de la luz que restaba de la luna antes del amanecer. Eran las 6:30, hora en que yo suponía Diana estaría despierta alistándose para salir a la universidad. Su habitación tenía un ventanal en lugar de un muro que daba al pasillo (raro diseño). Pasamos justo por el frente. La vi: estaba recostada como en posición fetal, la luz parpadeante del televisor a volumen bajo le iluminaba por segundos la cara.


Fui a la habitación de quien me invitó. Mi hija ya no estaba con nosotros. Nos sentamos en la cama, ella detrás de mí, me rodeaba con los brazos el pecho y sus piernas a un costado de las mías. Me sentía usándola a modo de abrigo, uno de piel, de piel humana, piel viva y tibia. Madaí a un lado. Tranquila y observante del televisor. Sin duda el preámbulo de algo que pasaría después apenas y desapareciera para dormir Madaí en la habitación contigua.

La habitación era amplía, de unos cinco por cinco metros, solo alumbrada por el monitor. La puerta se dejó entreabierta.


Esteparia se daba sus rondines para confirmar si éramos justamente nosotros los invitados. Después de confirmarlo era evidente que se había alterado. Dio dos o tres vueltas más en el pasillo casi en completa obscuridad. Al lado de la puerta que la dejaba espiar, que al mismo tiempo me dejaba ver cómo nos observaba. Mi capa animada me confesó que la espía estaba embarazada y que su hombre la visitaba para golpearla y cogérsela una vez más y se iba para dejarla en completo abandono y a su suerte. Esas palabras me dieron gusto. Una sonrisa discreta y burlona se deslizó suave y lento por mi rostro. No soy una buena persona.

Después de que notara su andar en el pasillo y que ella se diera dos o tres vueltas más totalmente conmocionada irrumpió en la habitación muy natural pero con algo de violencia falsa, como disimulando mi presencia pero fallando en el intento pues era completamente evidente que quería mis ojos en ella, en su caminar y ademanes exagerados. Llevaba un top blanco que cubría sus pequeñísimas tetas, un short de licra muy ajustado que pasaba sobre su ombligo donde su abdomen ya se notaba abultado, de tamaño quizá como del quinto mes.

Le dije a mi hija que nos fuéramos. Se negó argumentando deseaba una plática con la mujer encinta, quien muchos años actuó como si fuera su madre real. Nunca se despidieron. No fue negativa o prohibición mía, nunca hubo iniciativa de la adulta. A ella le correspondía. "Responsabilidad afectiva" le llaman ahora.

Dentro de la información que se me había facilitado también supe que ella me esperaba, o bueno, tenía la ilusión de que yo volviera y nos hiciéramos cargo de su bebe: de que llegara como en su rescate de aquel individuo y la realidad en la que se encontraba.

Después de miradas le dije — pasó justo lo que yo te dije —. Entonces voltee la mirada a mi anfitriona y le hice saber que la había advertido, casi maldecido con un embarazo de un tipejo mucho peor que yo unos pocos meses de nuestra separación.

— Hay vicios que no se pueden dejar fácilmente. — respondió la mujer mayor haciendo alusión al sexo.
— A la soledad claramente, no saber estar sola. — respondí y escupí una conclusión de ése disparo que justo quería le llegara a la cabeza de la víctima — nunca supo estarlo.

Phani se reclino y sus pechos ya hinchados con los indicios de la lactancia que evidenció dos pezones también inflamados a través del top semitransparente. Su vientre ya voluminoso dejaba ver las primeras marcas en su piel que se quedarían ahí para toda su vida. Hizo un gesto tierno con su cara mentirosa y con un ademán apuntando su barriga invitando a una nueva vida con ella, como si fuera algo codiciable.



Nuevamente socarrón: respondí:
– Llevo más de un año trabajando en mí, dejando vicios, poniéndome en forma, aceptando la soledad y no buscando nada, y tú, me ofreces lo peor de ti, todos los errores y fallos que siempre aborrecí de ti pero en la misma bandeja, toda revuelta con los guisos que resultan de servir todas las sobras de los diferentes platillos de una fiesta de la noche anterior, con la resaca de alcohol y cigarrillo en la boca de postre. — lo dije con dolor y con gusto al mismo tiempo. La quise como a nadie y la odie como jamás volvería a hacer con ninguna otra persona.

Se fue furiosa y mi hija quedó perpleja, temerosa, con los ojos hechos lagos a punto de desbordar y perdiendo la esperanza de poder hablar para despedirse como no tuvo oportunidad.

A su salida me dispuse a seguirla, queriendo hacer más daño, queriendo rematar, tratando de hacer que las heridas que ya sangraban en ella se hicieran más grandes, para nunca cerrar, para que se desangrara y pereciera por completo.

Llegue a la cocina tras ella, una persona se encontraba sentada en el piso: uno hombre de unos treinta y pocos. Un vagabundo concluí. Aún con esa conclusión ese tipo se notaba bastante limpio. Dijo nada, hizo menos todavía. Solo miraba de frente donde yo llegaba y me ponía de lado de Estephania.

— No me voy a quedar contigo, me das asco, pero si quieres te puedo coger una última vez. — le dije. Su mirada se torno en furia, no tanto por el rechazo sino por el coraje que le infundían mis palabras. — Te haré mi puta una última vez si quieres. — añadí con la lengua más cortante que una Masamune. Ella asintió con un movimiento de su cabeza y todo el dolor y vergüenza que le quedaba en su pequeño cuerpo de 55 kilos y sus 152 centimetros de estatura.


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