Carmen

Hola Carmen. 

He pensado mucho esto hace tiempo atrás y lo que puedo decir es que, tengo ese impulso de hacerlo, de que sepas, de que escuches, aunque realmente sea una necesidad más de externar esto y quitar la lista de pendientes que de cualquier otra cosa. No se si eres una amiga o si eres lo que quiera que sea. Siempre has sido algo particularmente especial para mí y es por lo que quiero sepas lo que significas en mí. ¿O ya lo sabes? 

He recibido de parte tuya algún tipo de reproche por la forma en que juzgo parte de ti, de tu forma de ser y sobre todo tus gustos. No me debería interesar y eso lo sé. Eres una persona mayor que sin duda es responsable de sus actos y de lo que hace y dice y con quien es que se lleva a cabo. ¿Y a qué me refiero realmente con esto? Veras, no lo he pensado mucho, pero sin duda el escribir me hace llevarlo a un plano cada vez mas claro: Te conocí cuando éramos muy niños, tanto que cada que recuerdo todo ello, aunque se ve nítido se ve muy lejos, pero se que no se me va a olvidar nunca. Fuiste una persona que tuvo un impacto directo durante muchos años de mi vida, aun cuando ya no estábamos “juntos”. 

Te quise mucho y sin embargo recuerdo alguna vez decirte que no sabia si habías sido el amor de mi vida o el primero siquiera. Sé que te quise y como también dije atrás y de frente lo hice de los modos menos correctos. Siempre he sido caótico, siempre he hecho las cosas mal por algunas heridas que sin duda tuve que sanar (y aun trabajo en ello). Algo de ello también lo hablamos y tengo recuerdos de algunas de esas platicas, como pensando en el bien que me lo pasaba, en como hablábamos de cuándo y cuánto y cómo nos quisimos hace ya 15 años. Y la imagen viene clara, con el sol entre tu ventana, caminando para tomar uno de tus libros, ese, el tuyo, el mío y el nuestro. Yo te miraba sentado en la mesa. Ese recuerdo de hablar de las nostalgias pasadas, parecido a como hago ahora solo. 

Pensé tiempo atrás justamente en ello, en el ser el amor de alguien, el de inicio o el de pendientes, el último o el de toda la vida, aunque la vida no los tenga juntos, o simplemente en si ese mismo amor era compartido y reciproco y quizá bien proporcionado. Recibí apoyo psicológico el fin de año me di cuenta de que tengo muchos sentimientos bloqueados, que soy muy sensible, pero al mismo tiempo el ponerme esa mascara de fuerte, de malo, me ha hecho reprimir muchos sentires, muchos cariños, muchos, salvo los corajes, esos si los tengo muy presentes y casi nunca los olvido. ¿Cuántas veces te dije que te quería? Te debí decir que te amaba. ¿Recuerdas un momento de ellos? Yo ya no. Recuerdo muchas cosas, cosas que hice, cosas que hiciste y algunas que me hicieron daño, no fue tu culpa o no sé, quizá sí, quizá eran con ese proposito, en todo caso si fue por algún coraje o venganza no hay manera de que pueda decir que no me lo tenia bien merecido. 

Mencionaré algunas cosas viejas, detente si no quieres leerlas, no sé si son buenas o malas, pero las tengo en mente algo frescas. Tampoco necesito saber tu parte de la historia, pues te recuerdo que esto lo escribo para externar algo que tengo guardado en el pecho durante muchos años y que necesita salir. Si respondes o no, es menos, si lees o no me viene dando casi lo mismo. 
1. Tania, Cruz. Me detuve a pensar un poco en su apellido, no lo recordaba. No sé bien que fue Tania de mí o yo de ella, pero si tengo el recuerdo de como pasó la primera vez que la bese; estaba yo sentado en la silla de aluminio que quedaba justo en la puertita de las “maquinas” del mercado esperándote. Desconozco porque no llegaste, pero llegó y se quedó un momento platicando, preguntando inclusive por ti. Dijo que se tenía que ir y se despidió, se agachó porque en ningún momento deje de estar sentando, lo único que hice fue echar la cabeza hacia atrás y me rozo los labios, no sabría si por accidente o algo distinto, pero, lo que sucedió fue un momento de nervios y un silencio aun con nuestros rostros cerca. Llevaba el cabello suelto, lo cual era muy raro en ella, creo que aun lo es en estos tiempos. Su cabello me cubría el rostro y entonces nos besamos durante unos momentos. Cálido y torpe, era mala besando. Nunca supe o me importo realmente si había tenido antes algún novio o alguna practica con alguien para besar, pero fue malo. Hahaha (risa estúpida). Después de eso no recuerdo una relación con ella de ningún tipo, y no es que no haya existido o algo (en otro momento más adelante), solo que no recuerdo. Tampoco supe realmente como te enteraste o si ella te lo dijo o algo. 
2. El recuerdo de ti en una situación tal cual erótica, de esas que hoy recuerdas y te ríes entre vergüenza; nos encontrábamos en la calle de atrás, en la 29, besándonos y esas cosas que hacen los preadolescentes cuando comienzan en temas de sexualidad. Y esa pregunta, “¿alguna vez te han hecho sexo oral?”, por supuesto respondí que no, pues esa era la verdad. Bajaste lento y lo hiciste para mí. Se sintió muy bien. Y lo estúpido que pasó después; muchos morros salieron a jugar futbol y yo con los pantalones en las rodillas con la bata de laboratorio cubriéndome las nalgas. No se me olvida. 
3. Cuando me regalaste un par de aretes (o un dije, recordarlo tantas veces se me ha hecho nubloso), dijiste eran de oro, nunca lo sabré. Eran por mi cumpleaños y me los diste un segundo antes de irte porque ya era hora de que llegaras a casa con tus hermanos y no te vería en la fecha exacta porque irías con tus tías y primas. Los metí en una cartera de Spiderman, claro (en ese entonces todas eran de Spiderman), azul con el nombre en letras extrañas. Recuerdo que extravié uno casi de inmediato y del otro ya no tengo ni idea (sino es que solo era un objeto perdidizo y brillante. Lo siento. Creo que esto ya lo había dicho antes acerca de este escrito y sobre ese sucedo del que si no falla mi memoria no tenías ni idea de que haya pasado siquiera.
4. Las veces que nos despedíamos largo tiempo en tu puerta entre besos y demás cosas, pero esa vez particular de mis memorias fue cuando estaba, José, el “potamo” como le decía mi padre. También le decían “el terror” a ese nada simpático personaje. Creo que nos miraba sabiendo y nosotros, pues, hacíamos lo nuestro. Hasta que grito tu padre. 
5. Diana, la prima de tu amiga que no recuerdo como se llamaba; era cerca de la media noche y estaba viendo la televisión, seguramente ya semidesnudo cuando escuché entrar a mi primo Fernando, subió corriendo las escaleras y entro en mi habitación, me dio un dulce de mora para tener mejor aliento y me llevó a la calle con dos chicas, una de ellas su novia a la que sí conocía por visitas a mi casa y otra chica algo mas joven, no sabía cuántos años realmente. Entonces nos subimos a la moto (que era más bien un scooter), en la que casi me mato una vez por frenar mal. Primero Fernando quien conducía, luego su novia, Diana y al final yo. Era con toda intención y plan de que yo “se la arrimara” a Diana, no fue mi plan. Después de una vuelta de un par de minutos llegamos nuevamente frente a mi casa y escuché como una orden donde le indicaban a ella que me besara. Entonces pasó, nos besamos, nos miramos un momento más y nos volvimos a besar. Ya se tenían que ir, le dieron la indicación y me dejó su dirección como una nota de voz; calle no sé cuál con no sé que numero. Sabía por el nombre que era de esas calles pasando la Benito. Me recuerdo llevando puesto algo en color vino. Poco a poco iba reconociendo la calle por la que alguna vez pasé contigo y me entro algo de nerviosismo. Llegué a la puerta y con mas nervios al reconocer el domicilio, toqué y salió ella, tu amiga. Me quedé estupefacto, pero tenía que hacer o decir algo de todos modos así que pregunté por Diana. Me dijo que no estaba, que había salido, así que me retiré decepcionado y aun más nervioso y ya preocupado, por supuesto te ibas a enterar de ese desliz. Un minuto después llegaba Diana con cara de imbécil acompañada de un tipo de baja calaña, pero de mayor tamaño al mío, y cuando quedamos de frente solo me dijo que estaba ocupada y que se había olvidado de que iría a buscarla ese día. Al día siguiente saliendo de la escuela… el resto quizá ya sea de tu conocimiento porque estabas ahí cuando ella fue a reclamarme de que yo tenia novia y peor, sobre que era la mejor amiga de su prima. Lo ultimo que recuerdo haberle dicho fue; “tampoco me dijiste que tenias novio”. 
6. Una ocacion en que fuiste con tu prima Anita a mi casa a robarme el internet. Recuerdo que, aunque ya había pasado mucho tiempo y ya no éramos nada aun nos tumbamos en la cama y empezamos a besarnos y un tanto más. Estabas reglando. No sé si te hubieras detenido de no ser así con todo y tu prima en frente, aunque de espaldas a solo metro y medio de nosotros. 
7. La vez en que tu madre me llamó para charlar conmigo respecto a nuestra relación. Fue realmente incomodo, de las cosas mas incomodas que me han pasado y créeme que han sido varias. Señaló que a ella no le importaba mucho nuestra relación, sin embargo, que no le gustaba verte triste y llorando por la forma en que te trataba y la forma en que me estaba comportando. Esta historia la he platicado un par de veces entre algo gracioso, vergonzoso y en algún momento he de confesar como un logro de un Don Juan. 
8. La vez en que no sé cómo o en qué momento de nuestras extrañas situaciones estábamos al cierre del mercado Yesenia, tú y yo. Como muy en plan de confidentes. Muy raro, me dio miedo porque parecía que se llevaban muy bien después de tantas conspiraciones la una contra la otra. 
9. La vez en que me confesaste que te habías besado con el Smythe/Abraham. Recuerdo bien la fachada en azul de tu casa y la forma en que lloraste y como me fui indignado. 
10. Las veces en que te veías con Javier, el tiempo y lo que hicieron y lo peor, cómo me pedían consejos ambos, para saber cómo actuar porque al final yo los conocía muy bien. Por supuesto fueron más sus consultas que de tu parte. Yo todavía te quería o al menos te celaba. Fue difícil, de verdad llevar todo ello. 
11. La vez que te casaste, cuando me enteré de el día, el saber que no estaría ahí y por supuesto la fiesta que continuó en tu casa y de la que me pude percatar desde la mía. También fue duro. Pude dormir apenas un par de horas antes del amanecer. 

Pero de todas las cosas que hiciste me consta que no fue nada tu culpa el como es que yo me sintiera, todo era culpa mía, es decir, la forma en que yo lo percibía y permitía que me afectara. 

Perdóname por ser así, por ser yo y quizá por sentir que no he cambiado nada de todo. No me refiero a cambiar el pasado sino a cambiar la forma en que he actuado durante tanto tiempo. Te quiero y siempre te he querido de algún modo. Siempre has tenido un espacio en mi cabeza. Para poco o para muchas cosas, para nada en muchas de las otras. Y es eso, parte de los celos, de el querer algo de ti aun para mí, eso sin hablar del sexo que también digamos que a un modo importa y se quedó pendiente para no saber si volverá siquiera una idea de ello.

Eras una niña cuando te conocí y esa inocencia y pureza me conmovió y me enamoró. Cuando fuimos creciendo cada vez eras más superficial y desagradable para mí, y yo en mi vanidad, ego y egoísmo del querer que fueras para mí y a mi modo me hizo comenzar a odiarte, a reprobar tus actitudes y selecciones generales. Recuerdo mucho esa sensación y tus cambios de actitud para con los hombres, y para conmigo que era lo peor. Que por ser mujer tenias algún tipo de poder, me refiero que ya usabas la herramienta de ser mujer para conseguir cosas o favores de lo que tú deseabas. Lo odie. Tus gustos. Cuando compartimos ese libro del que hablé atrás pensaba en ti aun modo así: más selectiva, con el gusto por lo clásico, por la buena literatura, por la música que habla de más ideas que de ser feliz, más de pasión de que amores pasajeros y sin gracia. Yo te quería como yo quería que fueras, a mi modo, a único modo. Perdóname. Es tema de ser posesivo también, imagino. Todavía te idealizo cuando pienso en ti y me decepciono de esa mala idea que creé solo. 

Estas muy lejos y me gustaría frecuentarte por algunos motivos, supongo que algo en particular por la razón de que me conoces y te he contado muchas cosas que nadie ha sabido. Por la libertad de poder ser honesto. Pero caigo en una realidad sencilla y absurda: si yo no sintiera cariño añejado para ti durante tanto tiempo serias una persona de esas que odio y no querría cerca, por tu forma de ser con la gente que te rodeas.

Discúlpame por todo, no hay manera de cambiar nada. Creo que ya he pedido disculpas. Quiero que lo tengas claro. Te apreció. Y sé que sigues siendo tu después de tanto y tanto, porque también te has mostrado frágil y dolida, sensible y clara con tus expresiones. Gracias por todo lo que me diste, me has dado y me sigues dando, aunque no sea tanto, estoy muy agradecido contigo por ser una pequeña parte de la construcción del tipo que hoy soy, que, aunque no me gustó por completo trato de ir mejorando. 



Carmen, prefiero Carmen por sobre todos tus nombres reales y falsos. 








Comentarios

Entradas populares de este blog

Screams in silence

5:40 vas a rendir

El viento entre tú y yo