Carta a Isaura
Mi mamá se llama Isaura, a nadie le importa ese nombre.
Hola, madre, soy yo, tu hijo el que dice pendejadas en cada reunión, al que le dices "eres así porque no te crié". Sabes que te quiero a ti y a Camila y al Pepote, a la familia en general.
Estoy tratando de mejorar mi persona, observando esas áreas de oportunidad, esos detalles viejos que me persiguen. A ti no tengo mucho que decirte.
De niño supe que tomaste malas decisiones, más de una vez, no lo sé, qué me importan ahora, aunque, bueno, sí me afectaron. Ese pasaje obscuro del "Licenciado" y ese abandono por el nacimiento de Camila. Quizá fue el que tuve más presente. El día de las madres fue difícil un par de veces, no sé cuántas, no se hasta cuándo dejaron de importar. Diría fue tu culpa pero, sé que tus acciones nunca se realizaron para afectarme, lo sé bien.
Ahora te veo con más frecuencia y gusto que a mí papá. Tienes una familia que aunque con tropiezos busca con urgencia la superación personal, académica, económica y creo que no vamos por tan mal camino. No soy una persona que hable mucho, pero que cuando habla dice las cosas como son, o como en mi perspectiva existen y han quedado solidas. Estoy lejos de ser tu hijo el más tonto. Tengo mis errores y ocasionalmente los mencionas y se ha tomado en cuenta.
Me gusta que quieras a mi hija y la llenes de regalos cuando te visita. Que ella diga "quiero ver a mi abuela la de la ropa". Me da gusto. Que haya comido frijoles contigo, frijoles que no son frijoles según ella. La sensación que se despide desde ese recuerdo son agradables. Ella también te quiere y ha aprendido un par de cosas de ti.
Ya eres mayor y se te acaban las fuerzas, aveces me he preguntado en qué momento o grado tengo que responsabilizarme de ti. Eres mi madre y estuviste tanto como de alguna manera o razón fue posible, siempre con pausas pero de algún modo presente.
Recuerdo tus llamadas de comienzo de semana cuando volvía de la escuela. Ya no sé de qué hablábamos o qué podíamos decirnos. 57384150 era el numero de Sara, mi tía, quien tenía el número, creo que aun conserva el mismo. Las otras donde nos veíamos a escondidas años más tarde, en 4to de primaria, también en lunes en la Texcoco y la calle... 3 (?). La farmacia. Me dabas $20 pesos para la semana.
No me debes nada. No te culpes. No te culpo. Aveces todos somos débiles en un momento de fragilidad, en un momento donde hay una acción decisiva para cambiar el rumbo de la vida. Aveces bien, otras mal.
¿Quién en esta vida te llama Isaura?
Hola, madre, soy yo, tu hijo el que dice pendejadas en cada reunión, al que le dices "eres así porque no te crié". Sabes que te quiero a ti y a Camila y al Pepote, a la familia en general.
Estoy tratando de mejorar mi persona, observando esas áreas de oportunidad, esos detalles viejos que me persiguen. A ti no tengo mucho que decirte.
De niño supe que tomaste malas decisiones, más de una vez, no lo sé, qué me importan ahora, aunque, bueno, sí me afectaron. Ese pasaje obscuro del "Licenciado" y ese abandono por el nacimiento de Camila. Quizá fue el que tuve más presente. El día de las madres fue difícil un par de veces, no sé cuántas, no se hasta cuándo dejaron de importar. Diría fue tu culpa pero, sé que tus acciones nunca se realizaron para afectarme, lo sé bien.
Ahora te veo con más frecuencia y gusto que a mí papá. Tienes una familia que aunque con tropiezos busca con urgencia la superación personal, académica, económica y creo que no vamos por tan mal camino. No soy una persona que hable mucho, pero que cuando habla dice las cosas como son, o como en mi perspectiva existen y han quedado solidas. Estoy lejos de ser tu hijo el más tonto. Tengo mis errores y ocasionalmente los mencionas y se ha tomado en cuenta.
Me gusta que quieras a mi hija y la llenes de regalos cuando te visita. Que ella diga "quiero ver a mi abuela la de la ropa". Me da gusto. Que haya comido frijoles contigo, frijoles que no son frijoles según ella. La sensación que se despide desde ese recuerdo son agradables. Ella también te quiere y ha aprendido un par de cosas de ti.
Ya eres mayor y se te acaban las fuerzas, aveces me he preguntado en qué momento o grado tengo que responsabilizarme de ti. Eres mi madre y estuviste tanto como de alguna manera o razón fue posible, siempre con pausas pero de algún modo presente.
Recuerdo tus llamadas de comienzo de semana cuando volvía de la escuela. Ya no sé de qué hablábamos o qué podíamos decirnos. 57384150 era el numero de Sara, mi tía, quien tenía el número, creo que aun conserva el mismo. Las otras donde nos veíamos a escondidas años más tarde, en 4to de primaria, también en lunes en la Texcoco y la calle... 3 (?). La farmacia. Me dabas $20 pesos para la semana.
No me debes nada. No te culpes. No te culpo. Aveces todos somos débiles en un momento de fragilidad, en un momento donde hay una acción decisiva para cambiar el rumbo de la vida. Aveces bien, otras mal.
¿Quién en esta vida te llama Isaura?
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