Carta al Lobo
Continuando con parte de las sesiones de terapia, ésta semana se me fue encomendadas dos tareas; carta a mi padre y otra a mi madre.
Ya saben, si es que leyeron la entrada pasada que por cierto no compartí en las redes, principalmente porque es, porque no fue revisado y en parte por ser creo, me parece algo un poco más intimo. Saben, creo que realmente nunca he publicado mucho sobre mi familia. Aquí juego a ser artista, a ser escritor, a ser algo triste y sentirme inteligente.
Pero tengo que comenzar.
Hola, Lobo, así te gusta que te llamen ¿no? O al menos así le incististe a Madaí que te llamara, a tu parecer es la mejor forma de restar formalidad y agregar un toque de amistad a la relación. A mí no me ha funcionado, te digo "anciano" o ya no sé realmente qué palabra uso para dirigirme a ti. Ahora mismo me es difícil mantener una relación de amistad o siquiera de padre-hijo contigo. Han pasado muchas cosas y otras no, que a mi parecer y espero que a tú recapacitar pasen, y pronto.
Nunca fui el hijo que quisiste y nunca me ha importado. Así soy, y todas esas cosas que hiciste por mi o me obsequiaste se agradecen y se agradecieron, pero era algo que querías para ti, para el Ricardo de tu infancia, no para mí, supongo que por eso no te funcionó. Desde que tengo memoria he sido algo extraño, en un punto algo especial, tengo recuerdos de muchas excepciones por las que pasé, la gran mayoría en mi beneficio o que al final de todo me trajo algún recuerdo grato, como el ir al colegio por Madaí en 1er y 2do grado, que la directora me reconociera más de 20 años después para llamarme por mi nombre, pienso que fue a raíz de que me olvidaban, de que aveces no se organizaran en la familia para que pasaran por mí. Tampoco culpo a nadie de ello. Lo que puedo recordar de ello me da gracia.
Nunca has sido el padre que quise o que necesite en algunos momentos de la vida y, ahora mismo no me importa ya. Es por eso que se me dificulta ser un hijo, porque no recuerdo haber tenido padre aunque hayamos vivido más de 20 años en la misma casa. Tampoco un amigo, ya hablamos con unos tragos lo que son mis amigos de la infancia. ¿Recuerdas lo popular que era? Todos los días iba alguien a casa a buscarme. A todos ellos los deje atrás porque no crecen, porque no me aportan nada, no me nutren, no me sirven ni de apoyo, ni para una platica inteligente. Así que ya no tengo amigos, de los, no sé, 30 que tenía cuando yo 14 o 15 años no hay nadie, tampoco me pesa. Ya no eres mi amigo así como tampoco todos ellos.
Sin embargo no me niego a una relación donde tú seas el padre y yo el hijo, donde no sienta que eres mi responsabilidad. De amistad hablar luego.
Tengo que pedir una disculpa, soy una persona muy desagradable si de conversaciones se trata y en general me desespero muy rápido, el don de la paciencia se me fue dado en una cantidad casi nula y procuro todo dárselo solo a quien lo merece; Madaí. Por ella todo, por los demás nada. De la misma manera te puedo decir que ella es tu nieta tanto como abuelo estés dispuesto a ser y sabemos que te cuesta bastante ser una imagen respetable, de crecimiento y admiración. El problema es que a tu parecer "un perro viejo no aprende trucos nuevos". Yo siempre he dicho que sí, y he procurado e insistido en que cambies de mentalidad. Entiendo que es difícil que llegue alguien de mi estatura en experiencias y edad a querer dar lecciones a un mayor, pero, desde unos años a la cuenta he sabido que cambiar, modificar rutinas, dejar las viejas que son torpes y sin beneficio es lo mejor para crecer, tú te aferras a lo viejo, a los recuerdos a tus manías. Pretendo rodearme de gente que quiera ir adelante, conmigo, arriba, a cualquier lugar pero lejos de un lugar de partida, que ni de partida es porque todos ahí se quedan estáticos.
¿Cuál es tu ambición?
La mía es tratar de ser menos infeliz.
Esto lo tiene que leer otra persona, se llama Liliana. Y eso lo complica en parte porque me parece que ya te he dicho todo entonces repetir termina en una redundancia en mi cabeza, en la tuya también y no quiero que pienses que otra vez saco el pasado para echártelo en cara, no me hace falta. Todo cuanto me afectó cuando era pequeño y vulnerable a tus faltas ya no lo siento presente. Ya no me afecta nada de lo que hagas, salvo el que te mueras o pases hambre, pero al final todo se debe a tus malas decisiones, tu infelicidad no es culpa mía y he aprendido que aunque yo te dé dinero, comida, compañía, no te importa o seguro te importa pero sigues en el mismo lugar del que no quieres salir, haga yo lo que haga. Sigo esperando me demuestres lo contrario.
Imagino que todo aquí suena en todo muy altanero, retador...ya sabes que soy así desde... siempre.
No eres tan viejo y a tu edad tienes una fuerza y vitalidad increíble, pero ya estás sintiendo los golpes de la edad, de los que ya no se puede reponer uno. Te deseo cosas buenas, y no es un "deseo" gastado de esas frases que usan los ordinarios sin pensar, es un algo que quiero para ti y en parte para nosotros. Cuando se trata de ti ya sabes que arrastras gente: Madaí, Diana, yo. La familia es chica, no la sigas malgastando.
Yo seguiré en lo mío, mejorando, de a poco, de a mucho. No te preocupes por mí, yo siempre estoy bien.
Comentarios
Publicar un comentario