Tu héroe interno
Comencemos con la reflexión del día.
Acabado de leer un encabezado en una publicación de El Universal Online que dice, "Mató a dos ladrones que intentaban asaltar el camión donde viajaba; los testigos presentes lo llamaron "El Justiciero Anónimo"".
Sin entrar al tema de las autodefensas, la justicia por mano propia y todo lo que encierra el tópico de la inseguridad en la ciudad y país me pongo a meditar: Ahora dicho "héroe" será perseguido por la ley. ¡Claro! Pues es un asesino. ¿Quién presenta cargos? ¿Los familiares de los delincuentes o el estado mismo? ¿En el caso de la familia, estos qué dirán y con cuánta vergüenza , "ellos sólo te querían despojar de tus pertenencias pacíficamente? ¿Y el estado persigue a un asesino que quizá pueda alegar defensa propia, quizá que su vida estaba en riesgo además de ser ovacionado y protegido por el pueblo? El primer fallo en la ley de México es el que si te denuncian eres culpable aunque seas todo lo opuesto, hasta que puedas demostrar inocencia estarás preso todo el tiempo de tu juicio pese a que sea largo, muy largo, eterno, estarás en la cárcel, golpeado, posiblemente violado, extorsionado, malcomido y en el mejor de los casos en que obtengas tu libertad, ¿todo esto se va a remunerar de algún modo?.
La gente está (estamos) contentos de que se asesinen asaltantes, sobre todo a aquellos que actúan con exceso de violencia. ¿Por qué? Porque todos están hartos, todos tienen miedo, todos agachan la cabeza y es así cuando uno un poco más harto, menos escrúpulos o una moral más propia que la social se atreve a hacer su personal acto de justicia que todos le aceptan, porque todos quieren proyectarse, porque así se ve un poco la esperanza, porque todos queremos ser él, y porque deseamos que todos los delincuentes tomen el lugar de aquellos que ya se encuentran en el piso, sin vida y con el deseo mórbido de que hayan escurrido la última gota de sangre, lentamente, poco a poco, por pausas, con dolor, mucho dolor, sufrimiento y quizá, tan sólo quizá en el instante último un destello de arrepentimiento empático, admitiendo que en cierto momento alguien reaccionaria y que, por supuesto se lo tenían bien merecido. Todos deseamos ponerle la mascara de nuestros asaltantes personales, esos que nos han tocando en la vida, ese que te robo la mochila con tus útiles escolares saliendo del bachillerato, el que te espero fuera del cajero el día en que retiraste la quincena, o el que muchos tenemos en común: el tipo que se subió al microbus cuando ya todos iban camino a casa por la noche cansados después de la jornada laboral y te arrebato el celular e hizo despertar a gritos al bebe en brazos de la madre espantada que apenas y puede meter las manos en el bolso para tener algo que entregar al agresor. Algunos ya no van a retener el coraje, la ira impotente al llegar a casa con menos de lo que debías. Van a matar en vida el recuerdo que no podrán aniquilar muchas noches al soñar la experiencia, al evitar pasar por la misma ruta aunque sea la que quede más corta a tu destino. También se mata por paz.
Todo esto va al alza y lo seguirá haciendo, se verán más linchamientos, más carteles en las calles amenazando criminales, más "vecinos vigilantes".
Aun así esa persona es el caso que no son miles. En la calle, el metro, por doquier roban, con lujo de violencia y la gente queda de testigo agachando la mirada, cuando somos más, siempre lo vamos a ser, porque somos mayoría los honestos, los que escogimos el camino complicado de trabajar más de las horas que indica la constitución con un salario que apenas da para los gastos y pocos lujos. Tampoco somos tan inocentes después de todo. Somos la sociedad que somos en el interior, todos llenos de mierda, solidaridad casi nula e indiferencia al por mayor. Mientras tu barco no se hunda está bien, te queda más para navegar, en tu canoa con un hoyo en la coraza.
Podríamos decir que aquí las victimas somos todos, tanto asesinos como asesinados, todos vivimos la misma situación, todos vemos del mismo lado, pasa que escogemos caminos más fáciles o difíciles según pueda observarse. He soñado un México utópico donde la gente compre sin pensar en que no debe invertir mucho porque al final se lo van a robar, un país donde no se vivan las pesadillas a pleno sol con ojos despiertos y la ilusión de la paz, la tranquilidad y la felicidad en la punta de la nariz.
Al final el culpable mayor es el estado, a quien no le interesa dar solución alguna, quien realmente es quien mata a los delincuentes, a tus hijos, a los míos y a los que vienen, asesino de libertades, felicidades y futuros, genocida profesional e inmortal... pero recuerden que hasta el vampiro de 500 años de vida no puede vivir sin cabeza.
¡Cortar el mal de raíz!
¡Decapitar!
Por último un recordando\aconsejando que el gobierno desde hace media década para acá ha buscado el desarme del pueblo canjeando armas por cosas poca cosa, objetos que no se cambian por la libertad de salir a la calle con teléfono en mano sin tener que estar atento alrededor. Conserven los asesinos escuadráticos, los de doble cañón, los que dicen la palabra muerte tartamudeando rápida y ferozmente.
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