Es como es

He pensado en el por qué no de nosotros y no me ha costado mucho poder llegar a la conclusión. No creo se le pueda o deba llamar pesimismo o mediocridad. Cada uno selecciono su camino y quizá al suyo le parece un mucho menos atractivo el mío, sin en cambió en mío no considera el de ella, no por falta de importancia, más sino como su individualidad y el respeto a sus decisiones y metas. Nunca tuve muchos de los intereses comunes, aún no sabría decir si fue rebeldía pura o sólo parte de mí. Que a todo eso y lo otro tan único como el que a uno de los dos no le parece lo que al dos del uno ha sabido o querido hacer.

A menudo he considerado cambiar por ella. Tiempo atrás lo pensé mucho y sí, lo hice. Cambié en todos los aspectos pero aún en estos tiempos me pongo a considerar mi yo y aveces no me siento tan convencido de si lo más importante de mi interior cambió, ella diría que no. Porque yo sí creo en que en una situación de dos algunos el más consiente se ha de tragar aspectos, actitudes, características del otro, ese mismo que ha de guardar silencio, conceder, consentir cosas que odia, que no creyó aceptar en otro día, en otra época, tan sólo como un sacrificio, como un torcer de muñeca y como una sonrisa ante el chiste sin intender y de carcajada ácida.

Sí. Lo veo real así. No hay una completud perfecta, no tengo media manzana ni ella media mandarina, ni un cuarto quizá ambos. No es de sacrificar eterno, es de sacrificar a tiempos de acuerdos. No es de dejar el Ser, no es de humillarse, es conceder, complacer, aceptar. Nada es tan perfecto como el defecto de que dos errores puedan completarse en uno y para lo requerido, en todas necesidades. Tampoco es sufrimiento eterno, es decir, no porque no te guste el sol dejas de salir de día. Ni tan igual, quizá ni parecido: volver a decir, que uno no tiene que pagar las fallas del otro sino aceptar el paquete conjunto o negarse en totalidad, después de todo ya no somos ni uno, ni tercios, posiblemente ni cuartos, tal vez un poco menos que eso que ya parece bastante poco.

Porque no seriamos los únicos que lo hacen, porque en realidad así funciona la totalidad de la vida: adecuarte o morir. Yo no quiero poner a prueba nuestra mortalidad. Entonces, me detengo, observo, me miro y concluyo que es la realidad que yo no tengo nada  a que renegar, no por no tenerlo sino por no tener nada que ofrecer y no deber conformarme con los que ella pueda o quiera contribuir a mi placer, a mi placer de ella y a un "algo" real de nosotros.

Otras, esas otras me veo sin quien hablar, no la veo y entonces sé que lo que sé o quería descifrar no tiene mínimo sentido. Después de tanto ya no hay después. Decidió y me quedé fuera de todo plan, y no sé que soy o podré ser pero también puede ser que yo no pueda ser de ningún modo, es algo sobre lo que no tengo control, salvo la negativa definitiva pero, es mi vicio, el peor de todos, no diciéndolo como aspecto negativo, es el gusto que mata, uno de los gustos por los que se vive, con los que se comprueba la capacidad personal de ser exterminado.


Ya estoy un poco lastimado, algo escaldado, ya con cicatrices. 
Así es como somos, como no podemos ser, como no se quiso que se fuera, como nunca es, como debería ser.






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