Es mejor así

Tengo muchas entradas inconclusas que comienzan con una misma frase: Ahora mismo no me siento cómodo. Algún otro complemento variable le sucede; Con mi compañía actual. El lugar donde estoy. El sitio donde vivo. El trabajo que desempeño.

Siempre se cosecha lo que se siembra. Nunca he hecho el mal, al menos no a propósito, del todo a propósito. Quizá muchos dirían que sí. 

Tengo algunos inconvenientes con la educación de mi hija, se ha vuelto retadora, desobediente, a veces retraída, a veces tosca y grosera. Podríamos pensar que son temas de la edad, nunca he dejado el pensamiento de esa posibilidad, pero lleva varios años en ese proceso de cambio que va siendo para mal. Muchas áreas de su desarrollo personal e interpersonal se ven afectados. Otros que tienen que ver son su estado físico como su falta de ejercicio y algunos temas de higiene. 

Pero la última vez que escribí esa frase tan recurrente no tenía nada que ver con mi hija, sino con patrones de conducta que estoy tratando de erradicar y que tienen que ver directamente con las relaciones sentimentales que voy construyendo. A lo largo del año pasado conocí a algunas personas, mujeres con las que en algún grado comencé a involucrarme de forma forma personal. Me he equivocado múltiples veces, si me conocen entonces lo saben.

Hay algo que he notado, incluso se menciona entre la gente con rasgos machistas; a ellas les gusta que las traten mal, que les atrae las conductas que les haga sentir vejadas. Así era yo, así me funcionaba y me encontraba rodeado de tres o cuatro opciones siempre disponibles a mi capricho. Hoy ya no. Claramente ellas tienen que sanar algo y yo no estoy dispuesto a estar en el medio de ese desarrollo. Después de tantos años, fracasos y de futilidades comencé a elegir lo que de verdad quiero y deje de recoger cualquier cosa que caía del árbol. No negaré que era emocionante jugar y podría presumir que lo hice muy bien todo el tiempo, la mayor parte del tiempo.

Me educaron algunas novelas románticas con toques trágicos, algunos títulos del "boom" latinoamericano de mediados del siglo XIX: cosas de amores necios, de situaciones ambientales que dificultaban algún querer. Momentos violentos con olor a tierra, tabaco y sangre. Siempre con algún licor en cantinas, mujeres dispuestas a vender amor e hijos huérfanos de padre, las pocas de madre y otras en completo abandono. Pólvora en el aire, telegramas y en la mayoría de los casos una búsqueda de alguna variante de libertad. Y así comencé a romantizar. Así comencé a escribir y a vivir. En algunas ocasiones conociendo personas con una visión y raíz símiles que me dejaron marcas permanentes, unas para bien, otras no tanto.

Hoy trato de ir tras lo que quiero dejando de lado lo que no quiero y tomando en cuenta mucho más lo segundo que lo primero. Tratando de que sea por un gusto y no por una necesidad. Queriendo querer y quererme más y no dejándome de lado como sacrificio para la contraparte. Me he vuelto un tanto más selecto y aunque he tenido en estos últimos tiempos algunos encuentros casuales de una ocasión o de algunas repeticiones esporádicas no suelo involucrar nada más que la carne, un poco más de tiempo y tal vez un mucho más de dinero. No hay problema, mejor todo ello a alguna cicatriz psicológica que a la larga pueda pasar una factura más costosa.

Cuando es necesario y tengo interés de verdad me muestro más real, más frágil y siempre aceptando mis debilidades, sabiendo por supuesto mis fortalezas, declarando que soy muy fuerte en áreas particulares y que sigo trabajando con constancia en mis áreas de oportunidad, evitando a toda costa la mentira. Hoy soy yo, primero yo y después quien quiera venirse conmigo. Lo doy todo cuánto me permito por seguridad, aunque sigo fracasando dando un poco de más. Tengo una oración muy marcada en mí que le leí a Samantha hace más de una década: perder no está en la lista, siempre está presente. Y, aunque estoy dispuesto a darlo todo no estoy dispuesto a desprenderme de mi esencia y salud. 

Por eso renuncio cuando no estoy a gusto. Por eso me voy. Sí la persona lo merece entonces anuncio mi distancia, otras veces no lo requieren y solo desaparezco, ellos lo saben porque después de tanto dar tanto y después nada, entonces se van. Quizá no tengo tampoco la puntería al cien, el juicio correcto y tal vez haya perdido algo valioso; Me fui de Cecilia y tenía con ella una relación de veinte años, entre ir y venir, estar sin estarlo en realidad y de desaparecer cuando los celos aparecían. Me fui de esa niña de diecinueve años porque para que funcionara tendría que volver a ser ése yo de cuando tenía mis diecinueve años, parecía que buscaba estar en situaciones de control obsesivo y de violencia psicológica pero también de protección paternalista... mejor huir, aunque su delgadez me podía mucho, sobre todo en lo erótico. Ni recuerdo su nombre. Y así un par de casos más recientes, que prefiero no mencionar. 

Mi ansiedad me hace preguntarme si no me habré equivocado, si debería volver y pedir disculpas y ofrecer aunque por dentro sienta que no deba ser así. El proceso de reparación en el que he trabajado de hace años atrás me impiden esa traición hacia mí. Esas perdidas duelen, cada una en su cantidad y variedad única, pero sin duda es mejor así.









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