Se queda transparente



Me sigue despertando. 

Yo pensaba que estaba bien, creí que estaba bien.

Pasa que no, o quizá son las fechas. He comenzado a hacer un recuento de todo lo que he perdido a finales y comienzos de año desde siempre. Los días nublados y las manos frías ayudan a ponerme en ése tema trágico y depresivo, en tonos del color de las nubes cuando amenazan llover pero que terminan sin ladrar un pico. 

Terminé una relación hace casi tres años de forma abrupta derivado de un sin fin de abusos que sufrí y que al mismo tiempo en cantidades y tamaños también abusé. Quise decir ¡basta! y lo dije aunque en un grito mudo, pero parece que para la mente el no tener una situación finiquitada, donde se terminen de decir todos los todos, cancelar las nadas y decapitar hubieras te deja pendientes por resolver, y no ha sanado la herida como presumí.

Soñé con ella recién y me di cuenta que la odio pero que sigue aun algo en el fondo que la quiere de vuelta. Y aunque no recuerdo del todo el sueño si conservo las sensaciones y la esencia del mismo. Percibo claramente el hambre que tengo por saber el qué ocurrió conmigo y con ella; con el nosotros juntos y el separados. Con ése miedo y la curiosidad de un nuevo intento en contradicción y lucha gladiatoria por la furia, coraje y terror de los flashbacks violentos. También hay cariño por los buenos momentos.

Previo al sueño al que haré referencia más adelante tengo que remarcar que tuve otros pensamientos pasados, pues como dije he andado nostálgico debido a las fechas. Reacción Aniversaria, así leí que se le puede nombrar. 

Recapitulé relaciones pasadas y lo que me dejaron, si fue bueno o malo, si me construyó y si conservo costumbres de esas personas: 

De J aprendí que para ahorrar espacio es mejor comprar un colgadero de calcetines. Siete años después continuo comprándolos. Que es una costumbre espléndida tener toallas húmedas en el baño. Que los besos con sabor a mezcal se respiran, como si besaran tus pulmones y esencia. Que el sexo increíble puede mantener una relación durante muchos años, aunque realmente no se esté juntos, side by side. Qué mucha de la comida tradicional de nuestros pueblos originarios no son sino una receta de gente pobre con pocos recursos, recetas baratas de elaborar.

Una de las primeras, P, me aconsejo batir los huevos muy bien hasta generar burbujas, ayudan a crear espacios de aire que al poner sobre la sartén garantizaran que tenga un mejor resultado, uno más esponjoso. Creo que nada más. Patético. 

C me dijo y demostró que es mejor darlo todo aunque se pueda perder en el proceso. "Perder no está en la lista". Quien da todo de sí en el juego jamás podrá ser el perdedor al final.

M me enseño que siempre puedes arrepentirte de tus palabras y que cualquier promesa se puede romper si el sacrificio de tu ser está de por medio. Que no hay que ocultar, porque parece más peligrosa la omisión de algo que una media verdad o incluso una mentira.

Quizá podría ahondar en los recuerdos y reflejos de mis acciones diarias de mi tiempo con ellas, podría tal vez. No lo haré. Concluiré esta idea diciendo que de la susodicha en cuestión no me dejó nada, o tal vez simplemente no puedo ni identificarlo porque dentro de una costumbre de 10 años de compañía todo eso que aprendí lo hice completamente mío, como si hubiera nacido de mí. No descarto la posibilidad, no soy tan engreído, aunque al momento y después de darle varias vueltas al tema parece que no entrañé realmente nada. 

No le aprendí nada. Ni el uso de las tarjetas de crédito o manejo de mis finanzas, eso lo aprendí a la mala posterior a la separación/huida. 

El tema en cuestión es que en sueños me sigue molestando, aun la imagino con algunas personas más y me lleno de celos. Me enfurece que no vaya tras de mí cuando le doy la espalda y me voy andando. Aun me da curiosidad de saber por qué en mi huida ella me lanza improperios y reproches con lagrimas en los ojos, emanando tristeza y añoranza, diciendo "es que no me importa pero sí también". Y mis reacciones. Y mis querer voltear la mirada, volver de tres zancadas y tomarla por su cintura finísima y elevarla por encima de mí para hacerla sonreír y besarle la frente después hacerla tocar piso nuevamente. 

Pero es el clima, no soy yo. Las fechas son las culpables. Los abrigos grandes y toscos. Mi suéter de punto que está bajo la cama. Lo cigarros que repito cuando me pongo nostálgico. El par de cervezas que me acompañan cuando escribo sí y cuando no también. Los zapatos que compro. La ropa que no he comprado. Y esa cantidad interminable de pueblos que visito y que faltan por visitar, esos mágicos que necesitan algún hechizo en su alma cubierta por una estructura de latón mil veces reciclada, que ahora sabe a juguete de plástico de manufactura china. Esos sombreros absurdos para caminar entre el bosque y por la noche en las costas donde hay playa. Esas quemaduras de sol con marcas claras de ropa sobre la piel. Esa frustración de ver sus miedos infundados. De no atender las indicaciones que le doy al hacer algo en lo que claramente tengo mucha más experiencia. Esa necedad de que aun con su pequeñez quería hacerse la violenta frente a cualquiera. Su paciencia llevada al tope por tenerme como el terco que fui a su lado durante una década. 

Siempre he querido decir adiós pero nunca me voy del todo. 

El cronopio no se va de cierto, no acaba de irse, se queda transparente y ahueca el alma.




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