Debí haberla besado
Hace 30 días cometí otro error: buscar.
Previo a eso había estado bien, lidiando únicamente conmigo, dependiendo
únicamente de mi persona para afectar mi estado anímico. No digo que otras cosas,
situaciones o personas no me afectaran. Me refiero a las relaciones
sentimentales de pareja.
Me ha pasado una cosa curiosa a lo largo de mi vida, o quizá no es curiosa,
no sé realmente que adjetivo darle, pero muchas veces me golpeo la cabeza
pensando en ello y en la palabra para usar, generalmente la que llega es pendejo,
al que le precede una frase; "eso te pasa por ser buena gente, a la buena
gente le va mal, te va mejor siendo culero". Eso pienso, eso he pensado.
Tengo un recuerdo ya añejo sobre ello. Algunos padecimientos mentales me hacen preguntarme cosas absurdas de hace tiempo, antes eran arrepentimientos, me hacía sentir culpable por haber tomado ciertas decisiones, otras por no haber actuado de ninguna forma, que al fin del cabo termina siendo una decisión la de no hacer nada. Ahora solo son recuerdos chuscos. El recuerdo más antiguo de éste tipo es el de no haber dado el primer paso para entablar lo que pudo ser una linda relación con la primera chica con la que interactué cuando ingrese al bachillerato: se llamaba Paola, no me puedo olvidar de su correo electrónico; tottipao10@hotmail. Había pasado recién el mundial del 2006 donde Italia se había coronado campeón. Ella estaba encantada con el jugador. Yo tenía un jersey de la selección Italiana, negro, manga larga, creo que de portero, no tenía número. No lo compré yo, más bien me lo regalaron a fuerza, una persona mayor, en edad como en volumen, me quedaba grande pero esa no era una limitación, yo la usaba, era bonita y elegante, sí, escribí elegante, créanlo, lo era. Ella y yo simpatizamos pronto. Era de piel clara, como todas las chicas con las que me he relacionado, cabello castaño claro a la altura de los omoplatos, regularmente recogido en una coleta rápida, muy lacia, una talla de pantalón más amplia de lo acostumbrado en mis elecciones, sus caderas las culpables. Era linda y se expresaba bien, y eso me puede mucho, si hablan bien y escriben correcto o al menos se nota empeño en ello, ya me tienen ganado un 75%.
Alguna vez por una razón que no recuerdo pero que seguro era totalmente intencional la terminé acompañando cerca de su casa, vivía por La Viga, donde se encuentra la zona de venta de mariscos donde hay varios buffetes. Tomamos el trolebús que pasaba frente al colegio, ya no recuerdo qué ruta tomaba, pero nos bajamos en metro Jamaica y caminamos el resto hasta un parque a 3 calles de la avenida Congreso de la Unión. Ahí, cuando doblamos una esquina entre una broma, un juego y alguna provocación la arrinconé, nos miramos fijo con las narices muy cerca y se sonrojó. No hice nada y me arrepiento de no haberla besado. Me contó que había trabajado de empacadora en un supermercado de cerca de ahí en su época de la secundaria y que lo había disfrutado. Nos despedimos de beso en la mejilla y un abrazo largo, no tan largo para parecer absurdo e innecesario. El resto es historia y pensamientos de "¿qué habría pasado si hubiéramos sido novios?". Y es que eso pasó en la temporada del propedéutico, antes de la revolución y redistribución de grupos. La perdí y me hice novio de otra chica, igual linda, pero más delgada, igual con su toque particular especial, pero con un gran número de dependencias que en lugar de fortalecer mi persona me hundía más en el foso de donde ya venía y en el que me quedé durante varios años. El pensamiento de "con Paola hubiera estado mejor" suele ser un absurdo recurrente. Bueno, suena exagerado, digamos que una vez por año. Igual es un pensamiento cobarde. Y sí me preguntó dónde estará ella. Curiosidad simple.
Hace 3 años terminé una relación por algunos motivos complejos y simples al
mismo tiempo. Entre algunas platicas con conocidos y la familia me he referido
a ésa como quizá la relación más sana que he tenido. Y es que jamás hubo una
pelea o algún reclamo. Salimos un par de veces de la ciudad juntos. Fuimos de
vacaciones y estuvimos todo el rato juntos y creo que todo era armónico, no
diré perfecto porque en realidad no lo era y aunque no estaba lejos de serlo
tampoco estaba cerca, digo, era una relación joven y ella lo era aún más,
faltaba conocernos. Nunca me aburrí con su compañía. Había un acoplamiento
cálido, un humor áspero pero embarrado de miel y chochitos de colores. Yendo al
punto: me duro de un noviembre a los últimos días del siguiente febrero y
terminamos.
Me sentía simple por estar en paz, y eso quizá era algo que me hacía sentir
extraño y al mismo tiempo pacifico. Antes de ella me encontraba en un lugar
donde el daño era inminente y las emociones estaban en declive a lo depresivo y
muy arriba en lo violento. Nunca le temí a ella ni me sentí inseguro, confiaba
en ella y ella confiaba en mí. Me sentía valorado pero no necesario. Me sentía
querido importante pero no me sentía propiedad u obligado a decir, hacer o
sentir algo de ella o por ella. Era libre siendo y no siendo de ella, ella era
libre siendo y no siendo mía. Éramos juntos pero no propiedad del otro.
Pasó el tiempo y por supuesto eché de menos todas esas cosas que ella me
proporcionó y que sin duda quería para mí otra vez. Quizá no era correcto,
quizá sí, no creo que exista un código sobre ello. Creo que no le hice daño,
entonces siempre me he pensado merecedor de una nueva oportunidad, en especial
ahora donde me la he pasado durante de un año y un mes sin enturbiar la mente y
el corazón, estando tranquilo haciendo y deshaciendo mi vida, mis cosas, mi
trabajo, mi salud, mi economía, mi familia: todo yo, todo de mí. Ahora puedo
dar lo mejor si alguien lo pide con amabilidad o lo reclama con violencia de
amor.
Entabló una relación no sé cuánto tiempo después de nuestro rompimiento,
pero sé que terminó hace poco. Como la quise de una forma sana nunca quise
importunar su nuevo noviazgo, quizá era feliz y sino tampoco iba a
intervenir.
Antes de cerrar el año 2022 le pregunté si estaba soltera y aunque no dijo
que sí, de momento no mantenía una relación y vi mi espacio, o pensé que había
un espacio, ahora una especie de inseguridad se está apoderando de mí. Hoy me
sentí ansioso de camino a dejar a Madaí (mi hija, por sí no son asiduos al
blog) y el regreso fue igual. Sabía que tenía que venir a abrir el blog y
platicar con nadie, conmigo. Sus miedos y tristezas me están contagiando, ella
parece no saber qué quiere y yo me quedé en medio, aunque seguro me puedo ir
también la quiero a ella. Quiero mi salud mental y a ella.
¿Será que no se puedan ambas cosas?, ¿serán mis inseguridades?, ¿es mi
intuición una herramienta de la que me deba fiar?
He considerado mostrar algo de indiferencia para ver si reacciona, porque
después de todo ya le puse las cartas sobre la mesa: le dije que sabía que ella
estaba en una situación complicada, pero que si me quería tener y vernos en lo
que se reponía del duelo podríamos hacer una relación bonita más adelante en
tanto no tuviera yo que competir, porque para eso no tengo disponibilidad. En
cuanto se me pasa el mal humor y los malos pensamientos me decido a hablarle y
responderle como si mi propuesta inicial estuviera firme, y la verdad es que se
me va desbaratando por sus desalientos. He concluido que es mejor actuar de
forma regular, ser yo y no esperar nada, quizá tampoco buscar, solo dejar que
sea como quiera que tenga que ser, sin una expectativa fija. Ya no estoy en esa
edad o nivel de paciencia para hacer el berrinche, guardar silencios o
cualquier cosa que se le parezca.
Eso no significa que tenga mis emociones controladas y que sus ausencias y
desintereses no tengan impacto en mis ánimos, pero puedo trabajar en ello. Lo
que sea que sea o no estará bien. Puede que me vaya o me quede, puede que ella
venga o se vaya.
No me gustaría que años después recuerde estos momentos y pensar: “debí
haberla besado”.

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