Desparpajo reflejo

Me encontraba saliendo a receso después de una clase. Llevaba puesto el uniforme del empleo anterior al último: polo negra, nombre de la marca en bordado blanco del lado del corazón. 

Caminaba por el patio de las instalaciones que eran idénticas a las de mi primaria. Yo salí muy tranquilo, andaba a pasos cortos y pacientes, sin prisa. 

Fuera de un aula se encontraba apenas delante del umbral ella: la chica que había sido mi novia durante la secundaria. Se veía igual pero con el maquillaje que usan las mujeres de nuestra edad a estás alturas de esta vida. Me miró e impactaron nuestros ojos en ese crucero estrepitoso donde siempre se accidentan las memorias al no existir semáforos oculares precautorios que eviten los choques violentos donde siempre resultan heridos. 

La meta era el sanitario, mi meta, claro. Necesitaba orinar y tenía que atravesar del salón que estaba junto a la dirección, de frente a la entrada principal, completamente al fondo. La ruta era simple: atravesar en diagonal a una de las dos líneas de salones de dos plantas que flanqueaban el patio escolar. El más cercano quedaba saliendo a la izquierda, pasando la cooperativa donde vendían las quesadillas de papa o queso a tres por un peso, podías mixearlas o preferir solo una. Esas primeras crisis infantiles de no saber escoger qué será lo mejor para ése instante. 

Escuela Primaria "Dr. Jorge Jiménez Cantu"


Ese día estaba particularmente atractiva. Es extraño porque ahora que la he visto en fotos me ha desagradado. Después de su matrimonio, la subida de peso exagerada sin la posibilidad a culpar un embarazo a falta del mismo. Su sonrisa, de esas que hacen ruido, pero no ese ruido discreto y necesario de un tambor que anuncia desastre en una sinfonía, no, la suya más sin en cambio, cuando pelaba los dientes se escuchar una cumbia de sonidero. De mis parejas quizá la que tuvo el mejor futuro, al menos en lo académico, de lo otro desconozco. Debe tener como mínimo 7 años de no verla de frente, otros 10 de no haber conversado de verdad sobre nuestras vida y los aconteceres de importancia.

Cuando me encontró yo escape y ella me siguió extrañada por mi actitud infantil. Tal vez así soy frente a ella, tal vez me empequeñezco. Subí a la planta alta con la idea de esconderme en el sanitario (muy maduro de mi parte). Ella se planto fuera esperando mi salida. Me asomé y la miré, nos miramos. Una fracción de segundo después pasó detrás suyo una gemela idéntica con un swater de punto, de estambre brillante amarillo canario que cuando reflejaba el sol era más bien dorado. Me sorprendí doble, ella notó el porqué y se descubrió reflejada en otro cuerpo, quizá más lindo. Su semblante retrataba el mío, como si además hubiera hecho un doctorado en mímica e imitación.



 






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