No es Febrero, es color Rosa, es dorado, es rosa.
Nadie sabe. Quizá mejor que nunca sepan.
He escrito por un periodo muy largo, durante muy poco tiempo. Me nace la necesidad de estar aquí pero nunca estoy. Hoy comencé por Yeimi, por una frase: "pensé que aun lo hacías". Por culpa también de otra persona que ni conozco, que ni sé si conoceré pero con la que intercambié dos párrafos y 3 frases más. Le enviaré el enlace para que se pueda dar cuenta de cuan peligrosas pueden ser 5 palabras en una oración. Vi a Yeimi de lejos, quiero molestar, pero no quiero molestar.
He pasado por tanto desde mi desaparición que quiero contarlo todo y aun así no coordino nada de lo que quiero que hoy se quede aquí. No me voy por gusto, me voy por no creerme capaz o digno de mí, de un futuro "mí", porque vuelvo con el tiempo a repasarme como era antes. Algunas de esas veces corregía mi ortografía, la gramática, el algo, el no sé qué, ya no, prefiero ver los errores escritos, los errores de escritura.
Ximena es con una de las pocas con quien me ha interesado hablar. Con pocas no me refiero a mujeres, sino a personas. A ésta altura de los tiempos conviene aclarar antes de generar las dudas de contexto que de por sí ya ocurren por éste muro magenta. Ximena es una persona que tiene más errores de personalidad, de creencias, de gustos y de pensamiento general que defectos físicos porque es preciosa, hay ratos que no espero más que un sueño donde le quite la ropa y humedezca sus humedades naturales con mi boca, hay otras que sí me pusiera más exigente pediría una realidad. No sé si dice verdades o dice conveniencias. Me he creído lo primero más veces que lo segundo. Quiero ver... más tocar que ver, o mejor: más ver con las palmas y el rostro y la lengua. Le digo las cosas de verdad, le cuento lo que nadie podría saber, quizá por no saber si se va a materializar, a veces la siento de ficción.
Tengo la habitación hecha caos, del caos que no he recogido desde que expulse a ella, desde que no viene, en realidad 4 días antes de mi desaparición y deseo de inexistencia de su parte. Me hice las cajas con su ropa, la interior y la exterior, la de los pies y la sobre ésa misma. Las otras cosas que se ocupan cuando una mujer regularmente duerme donde un hombre. No sé si alguna vez he dicho que soy hombre, salvo esos formularios, desde los médicos hasta los de juego y los legales. Me gusta bromear con el hecho de que no lo soy, y no por preferencia sexual sino porque a estas alturas de la edad y de la experiencia, más me vale bromear con ello e incomodar a los demás.
Las deje en una caja, de ésas que llaman "de huevo". Cuatro o cinco pares de zapatos, quizá cinco, más las sandalias. Recuerdo cuando me la lleve caminando sin zapatos 4 kilómetros sobre una avenida aledaña al centro de la ciudad: desde la roma norte al final de La obrera. Todavía no sé la diferencia entre quizá y quizás.
"No soy buena persona" parece una frase que yo pude haber dicho ya ocasiones incontables. Soy bueno cuando miento menos porque confío en que la otra persona no tendrá motivos de traición. Siempre soy traicionable. Al parecer traicionable no existe como adjetivo en el diccionario más ordinario, seguro alguien ya se le inventó 5 décadas antes. ¿Por qué me fui?
Todos sabemos la verdad, y es que no la lastimé, es que no se enteró, es que fue mejor. La cuidé para mí, para ella, y para sentir que al final no lo hice tan mal ésta vez. Y es que la he pensado por lo menos una vez por mes en el último año, o, ¿durante los dos?, ¿durante los 4 de los 52 en que se dividieron los 12? Me sacó sonrisas de mis escritos. ¡Me construyo mi autoestima por la forma en que escribo!
¡Soy mala persona!
Ahora mismo aprieto los dientes como reacción a "la pandita" que me tragué. En momentos retomo mi conciencia y relajo la mandíbula. También los ojos pero, cuando éstos voltean a la izquierda y ven la botella a la mitad se abren de par en par.
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