¡Cuidado! Va a pasar una mentira.
Hoy simplemente ya pienso, o en realidad es que no lo hago y solo actúo. Me he ido dejando llevar por las malas elecciones, las debilidades y lo peor de mí. No es nuevo, tengo muchas deficiencias, si me conocen o me han leído antes seguro que ya las deben conocer.
Para mí no es realmente complicado entender las fragilidades obvias de las personas, de ahí los cojo y abuso, de ahí saco venta y los hago míos. Es una habilidad que obtuve de observar, de ser perspicaz, pero quién me dice a mí, ¿qué es lo que me duele?, que sin duda es mucho y seguro que muy obvio por tanto que intente disimular o simular el hermetismo.
Presume esa pequeña parte que conoces de mí, esa pequeña fracción que das por hecho. Por qué quiero saber hasta qué grado miento y engaño, y que dicho engaño sea realizado con éxito, porque si no sirvo para fingir, mentir, disuadir y confundir entonces quizá no sirvo para absolutamente nada. Me han presumido más hábil e inteligente de lo que realmente soy, y me lo creí, de ahí es de donde nace la rebeldía y la soberbia, el sentirme superior sin una razón tangible; una razón imaginaria. Cuando una mentira se repite tantas veces termina por convertirse en verdad, aunque la verdad sea falsa en el cimiento, en la columna, en las vértebras, en la lengua y en la luna.
Nadie le cree más al mentiroso que él mismo. Y mentir con convicción es el arte del engaño, porque dicen que puedes engañar a todos menos a ti mismo, pero cuando ése alguien logra mentirse y creerse la mentira entonces sin duda estamos frente al peor enemigo de la sociedad y de la individualidad del mismo. ¿Cuánto puede destruir el mentiroso que dice verdades creídas de tantas repeticiones? Rayan la sociopatía. Quizá has tenido uno cerca y no lo pudiste ver. Si yo no sé quién soy, ¿lo sabrás tú? No tengo nada de interesante, no tengo tema de conversación, por eso escribo, para hablar conmigo cuando estoy solo realmente, solo mentalmente, cuando nadie me quiso escuchar o cuando nunca les quise decir. Cuando me abandoné al propio abandono de los demás por no sentirme a la estatura de su bondad y sonrisa, de su voz y suspiros.
Es más fácil hablar con el pasado, con personas que jamás te tocaran físicamente, con personas que no tocaran tu realidad o que no estarán presentes para poder ver esos errores que cuentas casi con vergüenza pero con nada de orgullo.

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