11:02 A.M.

Dos días atrás comencé a hablar de Cecilia. Una tarde antes la vi y le mencioné algo de lo que he pensado y dicho de ella con los otros cuando no está conmigo durante periodos largos, y bueno, es que eso de estar quizá no aplique si es que realmente hemos estado de alguna forma que tenga un adjetivo que le describa preciso. 


Ayer pensé en mucho en ella y en esa incapacidad de saber como los demás, que parece que saben o, ¿será que nadie sabe? Me dijo insiste para vernos pero yo no sé cuándo o cuánta insistencia es la precisa para que resulte. Mi insistir repetir encuentro, risas y un abrazo cálido fue al día siguiente, es decir, ayer. Tenía planes o no sé. Ella dijo lunes y quedé tranquilo aunque, me di cuenta de que mi al día siguiente parecía ser apresurado. Nunca he entendido. Conociendo mis dolencias y defectos no me gusta dejar evidencia de ellas y ahí es donde entra duda. Además de ser tonto también me sé absorbente y la otra palabra que describe a una persona que da su tiempo y espacio para una otra que da indicios de quererlos, cuando pasa que asumo esa señal de petición por mis espacios y tiempos los doy todos. La palabra no es disponible pero tampoco la buscaré ahora. 

Soñé extraño, con Cristina, con Alejandra, con una imagen no gráfica de Yeimi pero sí con una necesidad de ella, soñé con mi actual jefa y con el trabajo: Cristina estaba conmigo en una pulquería, compartíamos mesa con más gente y todo parecía de lo más ordinario, todo tal cual hicimos, conversábamos de mucho y nada y parecía nos entendíamos. De algún modo ella era una marginada de la sociedad, tanto como yo pero mis habilidades para mentir y para simular ser parte de un grupo específico es algo que llevo haciendo de toda la vida, digamos que para encajar aunque siempre me he sentido extranjero. Siendo una marginada no se comportaba a corde a las exigencias de situaciones o sitios donde estuvimos compartiendo con más personas. Tal como yo no encajo, pero al menos yo tengo esa costumbre o entrenamiento para poder hacerme pasar como uno de los del grupo y del tipo de persona que frecuentan el tipo de lugar. Nos levantamos de la mesa, dejamos la cuenta, me adelanté unos pasos, ella tiró una moneda accidentalmente al piso cerca de los pies de un hombre que bien podía rondar los 60 años, se inclinó para recogerla, cuando eso pasó el tipo hizo el sonido y gestos con el cuerpo de "unos chivos" como en la primaria hacían los más vulgares. Como muchos adultos hacen. No le di mucha importancia aunque eso no se debe hacer con una mujer, como sea que sea, aunque sea una Cristina como ésta. 

En el camino nos encontramos con Elsabeth, mi actual jefa con quien ya había trabajado anteriormente, aunque no era directamente mi jefa. Es bastante exigente. Estábamos cruzando una avenida amplia de un solo sentido. 5 carriles, tal vez 6. Cuando el semáforo se puso en verde para los autos no estábamos ni a la mitad del cruce, con un brazo detuve a Elsa por precaución. Cristina cruzó de largo corriendo y le dije adiós con un gesto de brazo alzado en la acera opuesta. El siguiente paso fue recibir indicaciones, despedirme con la intención de dar un beso en la parte exterior de la palma de su mano con gesto burlón y proceder a atender las demandas que se me habían delegado en la zona de Polanco, así que me puse en camino.

Justo ayer encontré un conocido de Liverpool-Polanco y me preguntó por mi ex. Le expliqué que terminamos en Marzo o días más. Recordé algunas cosas de las que me guardé detalles y extrañé eso que oculté. Además de esos recuerdos que no cuenta el tipo de caballero que soy recordé algunas comodidades y consideraciones que ella tenía para mí hace un año: mis refrigerios de golosinas, mi agua de la marca que prefiero en botella grande y fría, mis descuentos en tienda que obtenía con mayor comodidad por ser ella residente y empleada directa, los pellizcos que le dejaba en sus nalgas y todas las comidas con compañía y sonrisas de una relación de noviazgo que tenía apenas días. 

Nunca apareció en mi sueño realmente, solo que la estaba buscando, tenía ganas de verla. 

Entré al edificio, esperaba un poco en lo que me ajustaba los colguijes que mi marca exige traer adheridos al cuerpo siempre. Entro Alejandra, me gustaba Alejandra, no es que sea realmente hermosa, es que tiene gracia y un otro algo. Pero no fue ninguna clase de enamoramiento, solo gusto por su físico, su apariencia y algo de su carácter. Ella me miró, me sonrió y yo bajé la mirada algo sonrojado. Estaba descalzo. Sentí algo de pena al pensar que ella me había visto sin zapatos y las plantas sucias como después de caminar mucho por la ciudad como antes hice, sentí que lo hubiera notado y que debido a ello me hubiera sonreído, y es que, ¡vamos, estaba descalzo!, yo le conozco en la medida suficiente para saber que seguro me hubiera dicho algo gracioso sobre mi condición, pero fue tan delicada su mueca que me cautivó. 

Avancé por los túneles y en el piso empecé a hacerme camino, no reconocí mucho y me perdí un poco, de esas veces que sabes a dónde te diriges y has hecho el recorrido varias veces pero por alguna distracción te olvidaste. Quería que Yeimi me encontrara, quería que me viera y me saludara, que me dijera algo amable y quizá más. En su lugar me abordo un tipo poco educado, sin modales y un gusto ordinario por el vestir y ladró:

— Pssst pssst — odio cuando hacen ese sonido con la boca, definitivamente una muestra de su carencia de educación en modales y cultura general. — ¿Sabes dónde hay una tiendita?.
— Lo siento señor, aquí no hay tienditas en Liverpool. — respondí algo malhumorado. 
— Es que quiero que me cambien estas dos monedas de cincuenta centavos por una de un peso.

Habían maquinitas tragamonedas de juegos infantiles. Toda la apariencia del almacén era como el de ningún otro del estilo: con una zona en el centro sin techar y varias sombrillas con asientos en derredor. Columnas-escalera en forma de espiral que servían de balcón para la gente que decidía quedarse ahí a ver el cielo y el transitar de la gente quizá comiendo helado, quizá con una pareja que le gusta. El sol se veía como el de las 2 de la tarde.



— No hay tienditas, señor, pero puede apoyarse de la gente con playeras rosas. — algo desesperado por mi tiempo pero comprensivo con él. 
— Es que ya sabe cómo son ellos, no tengo dinero para comprarles.
— Señor, lo siento, no tengo cambio. — ya molesto y frustrado le escupí las ultimas palabras y seguí caminando. 

Cuando revise el teléfono celular de la empresa me percate que tenía 1 minuto de retraso y eso quedaría marcado en mi historial. Me molesté un poco más. Y es que mi nueva jefa se ha mantenido rígida conforme a todos los lineamientos gerenciales. 

Desperté a penas a tiempo para tomar un baño sin música y cambiarme en 5 minutos para salir a toda prisa y evitar esa mancha color retardo en mi histórico. 

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