Proximidad
La gente que me conoce sabe qué soy particularmente triste. No recuerdo si siempre fui así, es algo que no les he preguntado a todos y de los que quizá pude obtener respuesta ya fue olvidada o ignorada.
Llevo un tiempo en búsqueda de salud social, un rato largo. Creí haberla encontrado hace 10 años con un grupo de personas que me parecía especial y donde creí encajar. Los valoré mucho, los procuraba y pensé que podía ser algo que iba a durar mucho tiempo más, pero pasaron muchas cosas y después de que toda esa relación concluyó pude darme cuenta de que en realidad no fue nada, es decir, no les quería, no sabía nada de ellos ni ellos nada de mí.
Hubo traición para conmigo, no fue grato. Me quedé solo.
Cuando era niño era muy popular y la gente quería estar cerca, estoy muy seguro de que muchos de ellos me admiraban en alguna medida o por alguno de mis talentos, y que, en parte los mismos y los otros me odiaban por lo mismo. He recibido halagos toda mi vida por alguna cosa u otra: los videojuegos, las niñas que eran mis novias, mi capacidad para tener a más de una, de dos o de tres de ellas, de poder anticiparme a jugadas de adversarios, el poder de persuasión y manipulación de personas, de situaciones como de ambientes.
También puedo apostar de que de esa gente que me rodeó en algún momento no conocerá muchas personas más inteligentes que yo, porque mi vanidad me hace asegurar de que estoy un punto encima de la media. ¡Narcisista estupido! Lo he pensado, de ello no tengan duda, antes el ego era mucho mayor, hoy tengo la mínima humildad para no creerme especial, para darme cuenta de que entre todas mis virtudes ninguna de ellas me hace capaz de resaltar de manera positiva en una actividad social, académica, laboral, intelectual. Alguna vez creí que alguien, un buscatalentos entraría a este blog, que me vería correr, que me escucharía componer y diría, "mira, el chicho tiene talento, llévalo a casa, edúcalo, afínalo, lustra y pule que será grande y hará fortuna". Nunca fui bueno realmente en nada.
Pasaron años y comencé a rodearme de gente, pareciera que principalmente a causa de mi primer tatuaje, el engrane en mi hombro, 12 dientes que nunca fueron cuantificados en el plan de la impresión, pero ya saben, el 12 es peculiar, son las 12 horas de cada mitad de día, los 12 meses, el número de los signos zodiacales, simplemente a las personas le gusta el continuo del 1 como su acompañante a la derecha. Fue la música la que me llevó a ellos. Salieron un par de amistades, unas gratas que aunque no las conservo del todo sé que puedo llegar de visita en cualquier momento y me abrirán la puerta, los brazos y un par de cervezas tanto como los oídos para escucharme y compartir novedades y nuevos descubrimientos en el ramo musical.
Nació Madaí y me absorbió , me hizo suyo y se quedó con toda mi atención. Crecí en edad, experiencia y prioridades.
Soy una persona que se hizo amargo después de algún trago de bilis, algunos muchos diversos, botellas de amargura, sal y mucho limón, picante en la garganta. Tengo una arruga en la frente por tener siempre el rostro fruncido, enojado, molesto. En ocaciones cuando estoy por dormir hago un esfuerzo grande por relajarme y siento como los músculos del rostro de ablandan, como cuando te quitas la mochila de excursión en el camping después de caminar 3 horas, con esa ligereza, con esa paz, con ese silencio interior. A la mañana siguiente llega la rigidez antes de haberme lavado los dientes. Me hice fuerte, El Barrio me hizo fuerte, tengo recuerdos frescos, sensaciones calientes de puños y el ceño apretando el rostro fingiendo rudeza para evitar algún abuso de parte de la delincuencia que por allá es frecuente. Nunca me pasó realmente nada, quizá por eso o quizá no. Hoy me arrepiento, tengo cara de pocos amigos y atribuyo totalmente a esa costumbre. Simular agresividad me saco de muchos apuros, quizá algunas personas me recuerden agresivo, aveces sí lo soy aunque pocos han presenciado alguna pelea por encima de palabras.
Antes me quejaba de menos cosas y no sé si es por sentirme especial o porque mi nivel de cultura e inteligencia me exigen más de todo y todos los que me rodean. Habitualmente la gente me recuerda por quejarme de algo o de alguien, de alguna costumbre o algún sabor. Eso no a todos les simpatiza.
Soy sensible y no lo niego, lo he repetido varias ocasiones, suelo llorar con actos emotivos, quizá hasta muy poco emotivos siempre y cuando no recaiga en el cliché o en la vulgaridad. Lloro fácil y esa es la realidad. Soy honesto como pocos y digo justo lo que pienso aunque la gente crea que miento por mi comportamiento de gato escaldado y gracioso.
No tiene mucho que comencé a frecuentar a un par de locos, son eso, unos locos, unos absurdos, unos lógicos. Son muy inteligentes. En edad estoy en el medio y tomo la experiencia de uno y aveces me puedo reflejarme en el otro como espejo retrospectivo. He crecido, a paso lento pero estoy seguro de que lo he hecho.
Hoy sé muy bien a qué personas me gustaría tener de cerca, son pocos, los cuento con mucha rapidez. Los quiero ver mucho tiempo y tanto como pueda ser posible. Quiero compartirles más de lo que ven, porque sé que dentro tengo mucho, mucho de lo malo y otras cosas que sé de las que se pueden nutrir para un bien. Soy una persona que enseña y que comparte, tal vez por la incomprensión que ha tenido el mundo sobre mí y mis pensamientos, mis costumbres sacadas e inventadas de un no sé dónde, mis gustos y esa pasión por definir las ideas y creencias sobre temas que jamás nadie ha siquiera rozado con alguna palabra accidental. Quiero hablar y hablar y tener eso que llaman amistad, una de esas por las que puede dar la vida, estar siempre y entender lo que esta pasando por su cabeza. Ser llamado cuando eres necesario.
Tengo dos personas del pasado, dos chicas que quiero mucho, que aprecio y que sé que me entienden, que pueden complementar mis frases con tan solo escuchar las primeras sílabas entonadas con intenciones que ellas acertarían en dirección, destino y finalidad. No las veo tanto como quiero, aunque aveces tampoco falta de más, hemos llegado a tener algunas situaciones incomodadas que aunque no nos han acercado tampoco nos han alejado en totalidad y que, aunque las cosas no han salido la mar de fluidas no nos guardamos rencor, sé que si me he equivocado y lastimado saben que las amo y que simplemente estoy estupido y que tengo algo en el cerebro que no me deja ver correctamente las consecuencias de mis actos para con ellas. Son un par de ellas y sí, las amo aunque lejos de lo platónico, más bien como eso que llaman amigos, aunque tampoco me atrevería a definir nuestra relación bajo esa etiqueta, o no lo sé, debo buscar un manual de amistad donde definan lo que es y lo que no es una amistad.
Es aceptar errores, ineptitudes para situaciones o actividades, es apreciar. Soy nuevo en todo esto, algo me pasó cuando era joven y perdí la costumbre para hacer esto de manera natural.
Soy odioso y me es fácil saber porque la gente no me quiere cerca, por lo mismo me siento contento cuando los que sí me procuran lo hacen conociendo mis defectos que ni son pocos ni pequeños.
Hace casi un lustro estaba entablando una relación con un tipo triste, con un tipo feliz con el corazón roto. Con un extranjero en su país. Con un borracho por necesidad, gusto y cultura por igual. Pensé podríamos ser amigos por mucho tiempo y hablar, ¿pero saben? ese es para mí siempre un problema, hablar de mí no es sencillo, me incomoda y las palabras no salen, me cuesta, esas cosas, esas situaciones como el no saber qué hacer cuando recibes un regalo o siquiera pensar y darlo ya comienzan a incomodar, a dar comezón en el cuerpo y como en la garganta, cuando quieres decir algo y las palabras no salen, ni con alcohol. El joven con una increíble salud se volvió a Francia, donde se sentía más cómodo que en su país de origen. Murió sin nosotros saber la razón, era todo un atleta de alto rendimiento. Los familiares nunca dijeron cómo sucedió. Se fue solo y regreso muerto en un ataúd, en una urna, tampoco supe, solo fui a misa en una iglesia católica. Yo como las otras personas con quien se relaciono en vida casi podemos asegurar que fue suicidio, pues a pesar de su sonrisa y sociabilidad sabíamos la tristeza que lloraba dentro de él. Aun no lo borro de mi lista de amigos en Facebook.
Con una ligera mueca que simula una sonrisa recuerdo ahora la presencia en mi cabeza de una joven casi adolescente de cabello rojizo, cuello delgado y claro, sonrisa honesta y aroma sintético a naturaleza dulce con la que por reciprocidad le conté un secreto que solo saben 4 personas: una cicatriz emocional y física de un momento no grato. Ella me hablo de algo del pasado crudo que le toco vivir. Mi acto seguido fue el apretujarla y darle un beso en la mejilla pues podía ver por sus manos que comenzaban a agitarse continuamente, su voz que aumentaba en velocidad de manera inversamente proporcional al volumen que le costaba hablar de ello. En ese momento sabía que había un pedazo de ella que me estaba llevando yo y no podía sino alternar con ella y contarle algo de mí, algo a la altura de la intimidad de lo suyo.
Trato de ser selectivo, de tomar solo lo mejor para rodearme de ello pero aveces no me siento a la altura y creo que no puedo ser bilateral, a que quizá yo no sea lo mejor para ellos. Tengo problemas, unos grandes y trato de hacerme consciente de cada uno, al menos para estar consiente de cada una de mis desiciones aunque de antemano sepa que no son acertadas. Creo que ya puedo estar más tiempo solo conmigo mismo, ya no es tan pesado el ambiente, siento voy mejorando de a poco, me voy odiando cada vez menos.
Por eso escribo aquí, antes y hoy aunque cada vez con menos frecuencia.
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