La civilización sacrifica bella abuela.

Extraño el pueblo de la abuela, de la abuela que fue mía, mía como de nadie más. A ella, a ella la extraño también. Me mentaba la madre porque siempre he sido rebelde y consentido y todo debe ser a mí modo, con ella casi nunca pude. Se murió, se fue al hospital y no me aviso pero me dejó mi plato favorito hecho en casa para cuando regresara del colegio por la noche.

No la volví a ver jamás, al menos con vida. Ya era mayor, no de edad pero mi alma que es vieja ya abordaba un cuerpo de 17 años.
La vi por última vez en la caja de madera que seguro fingía ser alguna de mayor calidad cuando era una barata que apenas pudiera costear mi familia, porque a pesar de que ella fuera la reina, la matriarca, pocos daban algo, algo de lo que quizá no carecían pero quizá no del valor suficiente de una vieja que dio la vida y el orgullo por llevar para adelante a la familia que rogó por migajas y a la que se le dio carne; salvo mi padre que le dio todo lo que tuvo, aunque no todo lo que pudo. Orgullosa, grosera y saludable como esas viejas que ya no hay. Sí, se medicaba pero ¿qué abuela de estos tiempos modernos y retrógradas no lo hace? Se murió, no supe bien porque, aunque algunos dijeron que fue por gusanos en el cerebro: no quise saber nunca. No quiero saber ahora.

Es que yo odiaba ir al pueblo que no fue mío. Es que yo lo odiaba porque todas mis vacaciones se vivían ahí. Es que me requemaba y no me gustaba obscurecer mi piel más allá de lo moreno que sí soy (algún complejo de raza, admitido y superado). Y es que allá no podía hacer nada, ni podía escapar nunca y mi abuela era muy mandona.
Y quiero volver y quiero sentir. Y quiero andar descalzo y caminar sin mirar sobre mi hombro a cada calle cuando hace la noche, cuando de día, temiendo de niños y ancianos por igual. Porque quiero hacer todo, no hacer nada y sentir tranquilidad. Porque eso quiero, porque aquí ya no se puede nada de lo mucho con lo que crecí y en cierta medida desprecié.

Caminar sin tiempos ni límites más que los que hija me impone. Ella se cansa y pide descanso. Pero ella ahí caminó como jamás en la vida la vez pasada. No lo sé, quizá 8 kilómetros cuando ella 4 años, en realidad menos, 3 y casi 9 meses. Llegó allá a hacerce la dueña de 3 corazones que nos acogieron como parte de la familia. Ella se hizo rebelde cuando se supo poderosa, cuando notó esa posibilidad de hacer para sí ése pequeño mundo de tres mujeres. La amo.

Ella murió y dijeron fue llevada para ser enterrada entre los suyos, entre sus ancestros. Yo sé, porque yo fui, muchas veces y porque también conocía a  la perfección su última  voluntad. Yo sé porque yo cave una tumba para los restos de mi tía, de la tía que murió cuando yo en tercero de primaria. Escuché que murió de quemaduras. Dejó huérfano a un niño de 3 meses que ahora es un hijoputa que no sirve para nada ni a nadie y jode a la sociedad. Yo hice el hoyo y se metió el pequeño ataud infantil blanco donde fueron transportados sus huesos ya sin carne ni aroma a putrefacción. Yo lo hice a un lado de mi padre porque la gente encargada del municipio se encontraba en "tequio", que es un servicio a la comunidad, pero como llegamos de improvisto no pudimos ser atendidos. Era la hija más joven de todas las procreaciones de Teresa: mi abuela, la Más Cabrona de todas en el mundo.
Se supone los tíos y el resto de la familia con la quien ya no tengo ni quiero tener contacto la llevaron, pero ¡NO ENCONTRÉ NADA! ninguna lápida, ningún montículo de tierra y piedras cubierto por maleza que limpiar para que se viera el nombre de la que realmente fue mi madre. No encontré ni puta madre y quería que mi hija la "conociera" y yo pudiera contarle algunas cosas que hizo esa pinche vieja, tan pinche como amada. También la amé pero nunca se lo dije.

Y quiero volver y de ser posible con mis capacidades económicas y habilidades que carezco para vivir en esos medios quedarme ahí para siempre. Y olvidarme de tantas cosas. De tantos y tantas futilidadez de dos piernas y un tercio de cabeza. He soñado con ello últimamente y he sentido la urgencia, una necesidad.

Llévame. Olvidarme. Recoge mi ser. Sacude el polvo que se me ha acumulado. Dame tus brazos.

Esa tierra ya es mía.



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