Porque no te puedes escapar

Ha pasado tanto tiempo. Tanto desde que no me pongo el antifaz para poder decirle a nadie de los que no vienen a leer nada por aquí cómo es que no me siento.

Es increíble mi forma de vivir tan caótica. Y no es que tenga algo de especial porque al final creo que ya nada en éste universo y los tres más próximos circundantes puedan tener  algo que me pueda sorprender respecto a temas similares. Pero, ¿por qué busco mi destrucción haciéndome el débil, el fuerte, como una cama durísima del algodón más suave de todos? Les doy todas las armas tácticas para que puedan dañar el ser más frágil y con resquicio de pureza e inocencia lujoso que me resta.

No pude con el cambio drástico, me falto fortaleza, tener una fortaleza fabricada de bloques de seguridades. Me caí y se derrumbo todo sobre mí. Mentiras. Verdades con respaldos múltiples. Mentiras y verdades a mitades según comodidades. Falta de valor y honestidad. Lujuria y pasión de necesidades. Cariños de humo y azúcar. Salivas de miel y limón.

Me encuentro en una línea recta, horizontal, tensa, recta, dura y seca.

Volvió el dolor de espalda y las noches sin dormir de corrido. Volvió también el tener menos miedo. Se lee absurdo pero es tal cual: el miedo sigue, pero ya no se teme a algo mortal sino a cortes pequeños incontables, diminutos. Es de esos dolores de cabeza, que te dan todo el día que llegando las segundas horas del día ya te has acostumbrado tanto a él que ya lo das como un dolor con el que naciste, tan familiar como tus dedos de los pies. Volvieron los sueños estresantes con dudas al amanecer. Los deseos del amor, de un amor honesto que ahora como hace poco no pude procurar a nadie, ni a mí.

La realidad es muy cruel como para no intentar vivir en una fantasía que se pueda mezclar con el ladrillo terrenal y deprimente de las autoestimas. Por eso lo hice y por no estar en equilibrio me equivoqué. Porque no se puede estar en medio de nada. Tragando yo mis palabras que profetizo a cada oportunidad. Porque sabía que no hay punto medio y aun así me quede a mitad de la carpa de circo dejando que el payaso y el león hicieran de mí su chiste.

Fui su chiste: El payaso me puso la nariz roja de un puntapie directo en el rostro y el león devoró mi corazón. Se cayó la carpa. El acto termino. La función debe continuar. Nada se detiene por ti, sobre todo cuando tú eres el culpable.


 Click al bufón
Él canta




 

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