En terrenos de la infancia

¿Saben?, aveces me siento un tanto obsesivo si de recuerdos se trata. Otras tantas es curioso que recuerde recuerdos tan enterrados que tengo que verlos con una mano alzada a modo de despedida porque sé que será la última vez que los voy a recordar. Se siente nostalgia pero acompañada de un punto de tristeza, no por el recuerdo en sí, es por la despedida. Me gusta recordar los momentos de mi vida feliz cuando era sencilla y mi principal preocupación era ir a la escuela para ver a la niña que me gustaba y regresar rápido tras la salida para ver a la otra que me que veía cerca de casa.
Lo veo como algo paradójico que recordar y recording signifiquen cosas opuestas en mi cabeza, ya que en vez de dejarlo más grabado se hace más difuso y en la mayoría de ocasiones termina extinto ese fragmento de mi vida pasada. Pasa similar con los sueños: me he despertado con el sueño fresco e intento escribirlo, si el cansancio es más fuerte que yo intento repetirlo la mayor cantidad de veces para poder reconstruirlo al amanecer. Creo recordar tener alguna hoja con notas de un sueño que recuerdo a menudo y que comparto con la gente con la que cruzó palabras para que se den cuenta de lo extraño que aveces pasa por mi inconciente. Creo... espero que este recuerdo de mis notas no termine en el olvido por siempre. Espero que leyendo esto a futuro recuerde que tengo que buscar esa hoja. Las notas las hice allá por agosto de 2007.


La imagen que hoy tengo es aún más vieja, les hablo de un 2001 o 2002 cuando más, pues todo transcurrió en cuando yo en la escuela primaria: En el recreo (palabra curiosa que cuando uno era "maduro" se transformó en 'receso' que a sabiendas de que era exactamente la misma cosa denotaba que uno ya iba creciendo puesto que decir recreo era cosa de niños) de las 11 am. Yo estaba sentado en una de las cuatro escaleras de uno de los dos edificios. Era la del lado norte del edificio este, las que subían y daban al salón numero 20 que era el más grande, el que servía de audiovisual con su televisión de quizá 25", encerrada siempre con su compañera vhs y una beta dónde aveces se ponían documentales de naturaleza, historia y educación sexual. Esas escaleras eran un área restringida para todo el alumando y yo lo sabía, yo y mis cinco amigos, pero eso no nos detenía ni importaba pues eramos rebeldes y podíamos estar ahí y en el portón principal donde había una pequeña banca de cemento techado con láminas de aluminio. Todos no podían salvo nosotros. A todos les decían algo menos a nosotros. A todos echábamos del lugar. Era nuestro y lo compartíamos con los encargados que se rotaban semanalmente según el grupo y grado que haya quedado encargado del homenaje de cada lunes a la bandera. Inclusive retirabamos a los niños que se aferraban a estar cerca de la puerta porque sus madres les habían llevado el lunch. Quedo prohibido acercarse cuando una madre muy alarmada denunció que había un tipo les pasaba droga a los infantes por esa puerta. Estar ahí ofrecía el beneficio de comprar a los puestos de dulces y chácharas comestibles de los puestos de afuera, y era un beneficio exclusivo para nosotros. Pero, ese no es el recuerdo en sí del que  yo les intento hablar.
Una mañana sentando en esas escaleras que ya les mencioné volví la mirada al cielo y vi el primer anillo alrededor del sol de mi vida. Es un fenómeno del que después supe su nombre, nombre que esa primera vez desconocía y que hoy ya olvidé, así soy yo, olvido todo menos lo esencial o "lo que me conviene", como me han dicho algunos. Hoy así está, allá arriba, entre las nubes. Brillando un círculo-iris, porque no puede ver un arco, ¿cierto?. Son esos detalles simpáticos y pequeños de la vida que me detengo a ver siempre porque son los que le dan más sentido a la vida. Aunque te chingue la vista vale la pena verlo. Creo que hace daño verlo con los ojos desnudos, no estoy muy seguro y no me gusta googlear todo para hacerme pasar por el sabiondo que no soy. Tengo la idea de que el mismo día de esa imagen pudo ser ese 11 de septiembre en el que pasó... aquello que saben que pasó allá arriba ya saben donde, pero eso sí ya es algo confuso.
Algunos estrafalarios ya han dicho que nuestro cerebro tiene cierta capacidad en gigabytes o que podemos retener la información que puede llenar x cantidad de enciclopedias. Yo me he preguntado si existirá algún tipo metodo o ejercicio/práctica que haga que tengamos una app mental a modo de papelera de reciclaje para desechar cosas inútiles (como montones de cartas de TCG con efectos de Mitos y Leyendas y Yu-Gi-Oh) y así dejar espacio para cosas realmente indispensables. Soy un ser de nostalgias, no vivo en el pasado pero me gusta regresar aveces a verme a mí y a todos en otra realidad, y siendo un ser de nostalgias quisiera no perder esos megabytes que contienen cosas realmente importantes. Sé ya perdí varios. Y hay otros sobre los que sí me gustaría dar un delete definitivo. Al final, ¿quién no quiere lo mismo?.

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