Tómalo por el otro color
He comenzado toda la semana con una taza de café, cuando no hay taza porque hay pocas en la existencia de la alacena que poco le falta para no existir tomo un vaso plástico y vierto el líquido caliente, lo coloco en una base de acero inoxidable con una agarradera de teflón que compramos yo y mi padre un día que salimos a comprar chacharitas al tianguis de pulgas de los domingos cerca de mi casa. No es tan práctico como esperábamos lo fuera. Igual me gusta y lo uso con los vasos de "Día de Reyes" que obtuve el tiempo que trabajé en una compañía de telefonía móvil, otras con unos azules que me regalaron respondiendo una encuesta, muy corrientes los vasos pero, bueno, se les ha dado uso. De comienzo pensé usar los de cine con impresiones de películas, pero descubrí les tengo aprecio sentimental, económico o decorativo por lo cual sólo uso los dos primeros para colocarlos dentro de la base por temor a que se puedan rayar. Y no soy fan del café, no por las mañanas, no por las tardes, no a ninguna hora.
Y es que no soy tanto del café, ni de la leche, tal vez un poco sí del té aunque la evidencia no lo aseveraría. Pero lo tomo caliente, muy caliente, a punto de escalde de lengua, "porque así se toma el café" me enseñaron en casa desde niño. Escribo, no soy tan afín a las letras como algunos piensan, tengo poco de bohemio, tengo poco de escritor, tengo pocos libros, fumo cuando bebo, no cuando redacto. Soy un romántico pero eso no me hace nada más de lo que soy, sólo un tanto miserable. Pero he comprendido el efecto del café en las personas, en mi persona y sobre el ambiente de una conversación, sea privada en el hogar, o lleno de presunción en la terraza de un café del centro. Se refleja la cara de la tranquilidad en cada rostro, se respira más aire ligero aun cuando el aire está saturado de olores a madera, en especial si muelen el grano en el lugar, cuando pasa esto último me gusta pasar por ahí a respirar, tanto como por el pasillo de detergentes del supermercado. Las personas inteligentes, interesantes y cultas toman café, es entonces cuando descubro que no tengo nada de ello.
El café no es un color que vaya conmigo, no tengo nada café, tampoco he querido tenerlo, es que no me va. O no sé, tampoco me gusta el rosa pero me encanta el magenta, así como mi indiferencia por el verde y el azul y mi paradójico amor por el turquesa. Digo, tal vez un sabor más simple o compuesto pudiera ser el tono adecuado para mí. No, quizá tampoco, ni a mí me dan ganas ni a mi bolsillo tiene la oportunidad de comprar cafés más caros que $25 la taza. ¿Dónde hayo café para mi presupuesto y necesidad del paladar, intelecto y colorido?.
Soy enemigo de lo típico y no por gusto o por gusto a hacerme el diferente, es que así me eduqué, a odiando las costumbres impuestas por un quien sabe quien que seguramente es un ningún-nadie. Nunca invito un café, ni una ida al cine, a mí lo que me gusta es caminar, caminar y caminar cuando el cielo está nublado, como en los cielos de julio-septiembre, parte de octubre, en fechas gélidas, ir a un museo aunque tampoco tenga una lista amplia de visitados, un trago también. Y es que me gusta hablar y conocer gente, me gusta conocer y conversar con esas personas a las que me nace extender la invitación. No es que diga que tomando café no sea posible pero no siendo lo mío quizá no pueda ser yo mismo haciendo lo que no hago en un lugar donde nunca estoy, porque estaríamos en un lugar desconocido para mí y, tampoco es que se pueda invitar a un desconocido a tu casa a tomar la taza de café, porque tampoco tengo tazas y beber café en una taza sin "oreja" o en vaso plástico no ha de ser tan cómodo, yo prefiero la porcelana pero de esas no hay por aquí. Además invitar a alguien a tomar un café a tu casa se ha quedado tan petrificado como cliché desde hace 5 décadas que uno ya lo piensa como una invitación a una relación sexual.
No me llevo muy bien con el café, nos toleramos, supongo, y sólo eso. Si lo bebo y después lavo los dientes me dan agruras y se van después de un par de horas y es molesto andar con la boca sucia toda la mañana si se desayuno con café, o dormir con la boca amarga si se ingirió para cerrar la noche. Si tomo jugo de naranja sucede igual. Lo consumo por temporadas si lo tengo en casa, no lo salgo a comprar mucha más remota es la posibilidad. No me hace falta, no me sobra, me va como llega: por casualidad, por accidente.
Hace tiempo encontré en la calle una cafetera, y funciona pero nunca la he usado, con el tiempo y el descuido se ha ido llenando de polvo y cochambre, supongo ahí se va a quedar un rato más. Tomo del café más común de una marca muy comercial, el clásico pues, para que sepan bien a cual refiero. Es el mejor entre los baratos, o eso siempre he creído. Dicen que no tiene nada de café real, yo qué voy a saber.
Es curioso que para algunos gustos el café entre más negro mejor. Yo lo preferiría con una invitación en casa de una joven para conversar en día gélido con todo y sugerencia sexual que eso no viene a mal. Un café más rojo. Más dulce que amargo, más fuerte que suave, poca azúcar, hirviendo. En cualquier taza, pero sin corazón roto. Con sabor a tierra y hoja pero sin todo el lodo y la miseria. ¡Oh, esperen!, voy por café.
Hace tiempo encontré en la calle una cafetera, y funciona pero nunca la he usado, con el tiempo y el descuido se ha ido llenando de polvo y cochambre, supongo ahí se va a quedar un rato más. Tomo del café más común de una marca muy comercial, el clásico pues, para que sepan bien a cual refiero. Es el mejor entre los baratos, o eso siempre he creído. Dicen que no tiene nada de café real, yo qué voy a saber.
Es curioso que para algunos gustos el café entre más negro mejor. Yo lo preferiría con una invitación en casa de una joven para conversar en día gélido con todo y sugerencia sexual que eso no viene a mal. Un café más rojo. Más dulce que amargo, más fuerte que suave, poca azúcar, hirviendo. En cualquier taza, pero sin corazón roto. Con sabor a tierra y hoja pero sin todo el lodo y la miseria. ¡Oh, esperen!, voy por café.

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