Ineludible

Te juro que tanto fue el impacto que al despertar tuve que girar para asegurarme de que realmente no estabas. Tan real, tan a tú y tan a mí contigo que me gustaría pensar que compartimos el sueño en camas distintas, pero ¿donde están tus ojos? Y ¿qué tan cerrados los tenias para estas horas ¿ya repudias el soñarme despierta?

Dijiste molestaste con tu padre y saliste de casa para ir a no se donde, tu equipaje lo contenía una bolsa azul semitransparente, por supuesto no supe que mas había dentro además de un cepillo dental.

De comienzo estabas con mi padre en la cocina hablando de otro de mis desconocimientos, lo único que alcancé a escuchar fue que no saldrías de casa (la mía) hasta que él no lo autorizara. Se veía en su rostro una dureza que no he visto que adquiera con nadie que conozca y que no sea yo, supongo que en parte ya te conocía por el otro sueño de la semana pasada.

Los vi y lo escuché cuando atravesé para ir al baño. Muchas dudas, todo era preguntándome el motivo de tu presencia en éste lugar.

Supuse dormiste en la cocina sentada en una silla, también sé que bajaste al sanitario no usando el que tenemos arriba. Supe que pasaste la noche en casa. A la mañana siguiente te veo cansada, muy cansada, te veo dormida en esa misma silla en que te vi conversar con mi padre minutos antes. Te levanto de la silla, te levanto y te llevo a mi cama en brazos, te recuesto a los pies, horizontal, un primo impertinente se cómodo a lo largo instantes atrás, yo no te acomodaría a su lado pero no tenia de otra mas que recostarte, te notabas exhausta, seguro una noche sentada no es un descanso para nadie. Te miro bella, encantadora, radiante. Te acomodo un poco, te recostaste mal, te levanto y te dejas llevar por mi fuerza y te siento liviana, frágil hermosa.

El sueño ya comienza a ser difuso, tengo entre 20 y 25 minutos de haberlo vivido pero comienzan a borrarse algunos detalles con las nubes grises.

Te sacaba (creo) de la mano rumbo hacia a la calle. Era un pueblo todo ello, un cerrito con las casitas pintorescas. Te pedía sentarnos en el borde de la banqueta, no era alta, recuerdo tus rodillas las tenias a la altura de tu pecho al no estirar las piernas, es cosa que se hace cuando la calle es un poco transitada por automóviles.

Era como algunos dicen: en cuchilla. Dos calles desembocan en una y en el centro la construcción que se va triangulando filosamente más y más rápido cuando se acerca a la esquina. Las calles empedradas como no pueden faltar en algún lugar de esos, de esos que muchas veces son escenarios de pinturas novatas que venden en los tianguis populares de domingo. Me parecía a Real de Catorce, y sabes, Real de Catorce que es una buena banda mexicana de blues, ya difunta tengo entendido.

— Pero no tengo mucho tiempo, van a pasar por mi mis amigos pronto. —  dijiste mientas te acariciaba las piernas y parecía que la concesión aun existía pues eran caricias de esas las viejas y no las evadías. — Fueron muchos los problemas que ocasionaste. Ya termine con Luis Veinte. — concluiste.

Alguna necedad de esas las tuyas y mi insistencia suave pero persistente, siempre tranquilo sin exigir, sin imponer, nada de todo eso ni sus parecidos. Me sabia sin ningún derecho, el único que creía tener era el de ser escuchado, como se escucha al loco, al profesor de matemáticas o al narrador de tu cuento favorito. Yo siempre quise que todo fuera ‘bonito’. Todo siempre debió ser suave, placentero conmigo o sin mí, con algunos terrenos rugosos pero siempre para ser olvidados y continuar sobre el esponjoso.

No cedías como me parecía tenias que hacerlo. Era solo el que me escucharas, el decirte como es que yo las cosas vi, mis tiempos, mis gustos, mis lugares, mis sueños y todos esos sentires que nunca tuviste en tu conciencia... mi versión al fin. Cuando no soltaste tu terquedad me fui haciendo berrinche, sabia que vendrías pero por si no sucedía caminaba lentamente cuesta arriba. Me alcanzaste o me dejaba alcanzar o esa mezcla perfecta que se tiene que hacer en el amor cuando dos necios se quieren. Solo fue para hacerme saber el ahora tu juego del te quiero pero no te quiero. Ahora tu te ibas, dirección abajo claro, debía ser al sentido contrario al que yo fingí escaparme, me detenía a pensarte a verte andar y me apresuraba corriendo para que la distancia ni el clima fuera tanta para no tocarte ni para sentirte fría. Cuando se corre cuesta abajo se dan las zancadas más grandes y son muy escandalosas por lo que te volvías para mirar o mirar si era yo. Se veían cristales en lugar de ojos. Te abrace con mucho sentir y fuerza, te lleve varios pasos abajo sin que tus pies tocaran el empedrado.

Un poco más tranquilos me dejas volver a las palabras. Intento un pequeño respiro de lo nuestro para jugar con las comicidades de la gente que provocan cuando se toman algo muy en serio. Era una iglesia pequeña, decir que era una capilla tal vez seria más correcto o menos erróneo. Parecía el santo patrono del pueblo pues evidente fue que se le organizaba una fiesta cuando un molcajete se pintaba de verde bajo las manos de una señora color canela, rechoncha y con mandil. Atlilco, Atlisto o algo así era el nombre de aquel muñeco de cera, madera, porcelana o sea cual sea la masa de lo que estuviera hecho el monigote. Me conociste muy bien mi parte burlonamente acida, el reír de quien sea como sea y en cualquier sitio. Dos o tres maldiciones la gente me⁄nos dedico cuando me exprese diciendo que el nombre aquel parecía de luchador... apresuramos el paso... bueno, solo un poco.

Antes o después de eso sobre la calle un templo religioso 'moderno'. La irregularidad del terreno producía una característica muy vista en las construcciones que tienen el piso mas abajo en relación a la acera de la calle. Se podía mirar fácilmente al interior, uno de sus muros era de cristal y daba a la calle precisamente, nos asomábamos juguetonamente como niño en las vías del metro o como cualquier otro en edad que sea hacia un abismo. El piso estaba realmente bajo, tal vez 5 metros, se llegaba a el por una escalera que bajaba inmediata a la puerta.

Seguir seguir y siempre hacia arriba. La tarde comenzaba a caer y se dejaba sentir ese calor de los pueblos polvorientos de las tal vez 16 o 17 horas. Una iglesia, decir que era una catedral tal vez seria mas correcto o menos erróneo. Al atrio, bajo los arboles que parecían cerezos, floreados en totalidad a sentarnos para ver si me dejarías terminar de decir lo que me carcomía la garganta. Y a comenzar a contar.


— No te estoy pidiendo nada, no puedo hacerlo. No te estoy diciendo que quiero que seas mi novia, no podría pedírtelo ahora.

— Si, no puedes hacerlo –te obligaste a defenderte sin previa agresión.

Todo fluía con sencillez y comodidad. Me sentía temeroso por tus posibles respuestas, pero quería decirte, siempre creí que diciendo podrías tener una mejor impresión de todo lo que aconteció, que de todo ello cosas malas que desconociste pero igual ya explicadas tal vez no lo serian tanto. Sentí que te lo tomabas con calma y que si no te satisfacía lo que te mostraba al menos te dejaba en un punto de confortabilidad al tu esperar caos, violencia y traición del corazón. No sé, tal vez si era lo mas correcto el contarte, quien podría saberlo, posible es que todo en voz es mejor que nada en la imaginación... ¿será que no?, eso solo tu lo puedes saber.


Y juro ya no te he buscando en ninguna parte, me lo he prohibido: ya no ver tus pocas fotografías, ya no escuchar los montones de canciones con las que te pienso, ya no nada, ya no todo. Lo he intentado. Me gusta creer que aun buscas resquicio de mi existencia para complacerte las penas, que buscas un granito de mi entre tu basta playa. También he dejado de buscarte por cualquier medio virtual y he procurado no hacer música para ti. Me he prostituido en sueños con otras que ni siquiera conozco pero al final estas tú, te soy fiel aunque no leal si gustaras reprochármelo en tu mente.

Amélie, Muñeca y Marianela por ti. Aun no me termino el libro, pero este me lo comencé a leer antes de la decisión de ya no rememorarte en nuestro fugaz pasado y desearte para un futuro intangible. 'Ya es tarde' me he repetido una y otra vez.

Si te busque en un ruego mediocre y patético todas las ultimas veces era porque contigo era yo pero un yo con la mas pura esencia del interior y eras tu la que me provocaba estupideces mentales y físicas, un descontrol inexplicable, un ‘lo que sea que sea no importa ahora’, podía ser responsable en una irresponsabilidad mayor, podía prometer mas de un autosacrificio si quisieras verme colgado de una cruz. Hacerme hacer sin pensar siempre fue tu virtud y después de que me privaste de tu tacto sigues tan aquí que me doy asco por mi fracasar en la tarea de encontrar tu olvido. Hace no mucho me importaba dos pestañas el recordarte, no quería dejar de hacerlo a pesar de todo y a felicidad de poco. No había sacrificio que sentimiento no lo valiera. Me dejaba llevar por ti aun cuando ya no me llevaras de la mano. Poco me importa con quien estés, si estas bien eso seria lo relevante.

Si tu sentías como lo hacia hace 15 días (aun lo hago pero no me lo debo permitir mas), si tenias tu estabilidad yo proponía el dejarme amarte tu con tu estabilidad y yo con la poca que he ganado estos 4 meses, solo que me dieras 24 días al año para perderme en ti y hacer que te vinieras conmigo pedazo por pedazo. Vivir en la fantasía social y después, después de no se cuanto quedarnos juntos cuando todos tus pedazos fueran míos... solo si tu lo sentías. Era mi propuesta que llevaba dentro de todo mi fidelidad, esa que siempre existió y que hasta no se cuando estará.

Te juro que me siento absurdo y patético, rogando y exigiendo con ‘dignidad’ pero deseando no un pago sino el gusto de ti. Mediocre que soy, aquí y por todas partes.

Aun te quiero amor.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Screams in silence

5:40 vas a rendir

El viento entre tú y yo